martes, 19 de mayo de 2009

Capítulo XV.

Estábamos tan ciegos y desesperados que no vimos hacia dónde íbamos, a tal punto que llegamos a perdernos en la enorme oscuridad que provoco la tormenta, muertos de frío, con nuestros celulares sin señal, y solos, completamente solos.
Me senté en el pasto, en señal de agotamiento. Joseph se sentó al lado mío prometiéndome que nada pasaría. Solo comencé a imaginarme como seria si ellos no volvieran, que horrible.
_ Joe… -Lo llamé.
_ ¿Qué pasa? –Dijo tomando mi rostro, separando mi fría mirada de la carretera- Oh no… no llores… sabes que no va a pasar nada…. –Siguió.
_ ¿Y si pasa? –Pregunté como una idiota, pero estoy asustada, sola, y sin saber cómo están mis hermanos. Si, mis hermanos, porque aunque Nicholas no lo sea de verdad, es de corazón.
_ Jamás pasara nada, no mientras yo esté aquí –Informo besando mi mejilla. No me contuve. Sus palabras fueron hermosas, el es hermoso. Lo abracé como jamás abracé a nadie, y estuvimos un largo rato sin querer despegarnos.
Es horrible decirlo, pero el momento de nuestro tierno abrazo finalizó, al igual que la lluvia.
Nos paramos dispuestos a seguir caminando, cuando vimos que un auto bastante parecido al de papá Jonas se acercaba.
Capítulo XIV.

Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
A la mañana siguiente, desperté lo más normal, sin pensamientos perturbadores y tontos. Me senté en mi cama con los pies tocando la suave alfombra, y miré a Pau, quien estaba profundamente dormida. Luego dirigí mi vista hacia el reloj, había pensado en despertar a mi amiga, pero viendo que son las ocho de la mañana, prefiero no interrumpir su sueño.
Salí de la habitación aún en piyama. Al pasar por la habitación donde dormían Nick y Anto no los encontré, que raro que ellos despierten tan temprano, siempre son los últimos en salir de su cama. Tal vez, hoy sea el día del Apocalipsis y los tortolitos se hayan levantado temprano. Probablemente, estén desayunando. Pero para mi sorpresa, al ingresar en el comedor, no me encontré con la parejita, sino con Joseph.
_ Buenos días –Dije abrazándolo, mientras el intentaba zafarse de mis brazos para poder terminar de comer la tostada que había quedado pegada en mi pelo- ¡Joe! ¡No podes ser tan bruto! –Exclamé en mi intento por sacar toda la mermelada que mi amigo me había pegado en mi hermosa cabellera.
Corrí hasta la piletita de la cocina dispuesta a enjuagar el mechón manchado. Logrando mi cometido, volví al lugar donde se encontraba mi amigo, en compañía de sus peligrosas tostadas.
_ Lo siento –Se disculpó viendo que ambos reíamos. Tomé asiento a su lado y le pregunté por su hermano.
_ Debe estar durmiendo –Respondió dándole un sorbo a su café.
_ Créeme, no lo está –Repuse alarmándome. ¿Dónde habrán ido?
_ Llamémoslo al celular, tal vez fueron de compras –Sugirió.
_ Buena idea –Lo alenté mientras el tomaba su celular y mantenía apretado el numero 3 de este. Supongo que ese es el atajo al teléfono de Nicholas.
Hizo dos intentos de comunicarse con su hermano, fallidos por cierto. Lo obligué a que intente una vez más. Y por fin, el chico de rulos se decidió a atender la llamada.
NARRA NICHOLAS.
No puedo creer que se vayan a Los Ángeles, sin duda, esta noticia me agarró con la guardia baja. Pero gracias al plan de Anto, de escaparnos los dos solos, y decir que no nos busquen, vamos a poder estar juntos para siempre.
Tomé prestado el auto de Kevin y aquí estamos, en la carretera, rumbo a algún lugar que nos separe de toda la basura que nos esperaba allí.
Mi teléfono no para de sonar, es algo irritante, y más sabiendo que es Joseph. Sera mejor que lo atienda.
_ ¿Hola? –Respondí haciendo al auto a un lado de la carretera. Anto bajó y se sentó en el pasto a observar el cielo, sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal. Yo, por mi cuenta, me apoyé en el capo del auto y me dediqué a mirarla.
_ ¿¡Donde te metiste!? –Gritó Joe del otro lado de la línea.
_ Bró, te digo si te calmas un poco –Impuse mis derechos. El no puede tratarme como si fuera su hijo.
_ Rayos, está bien –Protesto dando un pequeño suspiro- Dime, ¿Dónde estás?
_ Me escapé de casa –Le informe cerrando los ojos. Sé que se va a poner como loco, va, un poco más de lo que esta. Pero bueno… es mi hermano de confianza, tengo que decírselo- Avísale a mamá que estoy con Anto y que estamos bien. Te quiero hermano –Acoté dispuesto a cortar la llamada.
_ ¡Nicholas! –Lo escuche decir en un tono afligido, pero no me quedo otra que cerrar la tapa de mi celular y suspirar nuevamente.
NARRA EVELYN.
Después de que mi amigo corto el teléfono y me contó lo sucedido, quedé inmóvil. Yo no creía capaz de hacer esto a Nick, ¡y menos a Anto! Con sus poses de niños inocentes, no te dan a creer este tipo de locuras. ¡Por dios, solo tienen 16 años! Pero están ciegos de amor… ¿Qué voy a hacer? Tengo que ir a buscarlos.
_ Vamos Joe –Le ordené haciendo que el también salga de su transe, en el cual se quedo con su tostada en la mano, a punto de darle un mordisco, mirando la nada, estaba pensativo.
Rápidamente salimos de la casa y paramos al primer taxi que vimos. No agarramos el auto de papá Jonas ya que Joseph no tiene licencia, y lo único que nos falta es que nos pare un policía.
El taxi nos llevó hasta una parte de la carretera, Joe pago lo que debíamos y bajamos del automóvil apresuradamente.
No podemos ser tan inútiles de irnos hasta la mitad de la carretera, y para colmo, se largo a llover. Sin pensarlo, seguimos caminando, en medio de la nada. Estábamos tan ciegos y desesperados que no vimos hacia dónde íbamos, a tal punto que llegamos a perdernos en la enorme oscuridad que provoco la tormenta, muertos de frío, con nuestros celulares sin señal, y solos, completamente solos.
Capítulo XIII.

_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
_ Sí, claro, no se preocupe –Mis palabras hicieron que de un gran suspiro- eso sí… ¿le molestaría que una amiga venga a hacerme compañía? No vive lejos…
_ Claro que no, siéntete como en tu casa –Interrumpió tomando su bolso y encaminándose rumbo a la puerta- Adiós querida, si necesitas algo, sabes mi teléfono…
Asentí con la cabeza y esperé unos instantes hasta que escuché que el motor de la camioneta se encendía. Cerré la puerta con llave y me dirigí rápidamente hasta el teléfono que se encuentra en la pieza de Joseph. Marqué el número de una vieja amiga. No la veo hace mucho, y quiero contarle acerca de mis problemas, y presentarle a Joe, obviamente.
Esperé unos segundos hasta que oí a la dulce voz de mi amiga del otro lado de la línea. La llamada fue muy corta, no me gusta usar los teléfonos ajenos.
A la media hora, el timbre sonaba. Abrí la puerta emocionada y allí se encontraba mi invitada, tan casual e impecable como siempre.
_ ¡Pau! –Grité dándole un abrazo ‘’de oso’’. Hace años que no la veía gracias a que se mudó aquí.
_ Eve… tanto tiempo –Pronunció aún sin soltarme- cuéntame todo… ¡tienes que ponerme al día!
_ Bueno… escucha… tengo que darte una noticia no muy agradable –Musité haciendo el esfuerzo para que mis lágrimas no huyan de mis ojos- me mudaré a Los Ángeles el mes que viene…
_ Oh, vaya… -Suspiró cabizbaja- te voy a extrañar –siguió abrazándome con muchas más fuerzas- te adoro –finalizó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
_ Te mostraré a mi mejor amigo –Dije olvidando todo lo anterior, quiero pasarla bien esta noche, ya tendré tiempo para despedirme y llorar.
_ A ver… ¿Es guapo? –Pregunto picarona. Paula es así, lo único que es esencial en su vida son sus amigas y los chicos. Cada vez que la veo tiene un nuevo novio, o alguien en la mira. En jardín de infantes salió reina del grado gracias a todos los votos que recibió departe de los varones.
_ Es hermoso… precioso… el chico ideal… -Susurré sobre su oreja al ingresar en la habitación del chico. Prendí el velador y se lo enseñé a mi amiga recién llegada.
_ Guau –Dijo admirándolo por completo- supongo que ya… -Continuó haciendo unos gestos raros que no pude descifrar.
_ ¿eh? –Fue lo único que pude idear gracias a mi estado de confusión.
_ Si ya se besaron, tonta –Respondió llevándose ambas manos a la cabeza, en signo de que si soy media estúpida.
_ Si… y fue hermoso… pero él tiene novia, y sé que jamás se va repetir… -Informé apenada cuando vi, asustadísima, que la anatomía de Joe se levantaba y se ponía de pie.
Comenzó a caminar hacia mí sin despegar sus ojos color café, parecían confundidos.
_ ¿Asique soy hermoso, precioso, el chico ideal? –Preguntó deteniendo su paso frente a mí, y con una sonrisa seductora dibujada en su cara.
Lo único que me faltaba era que me escuchara, y para mi suerte, lo hizo ¿Qué hago? ¿Que digo? ¿Confieso? ¡No! Dios… ya se. No estoy segura de mis palabras pero haré un esfuerzo.
_ No… es que yo… yo le estaba –Y como si fuera poco, las palabras no salen de mi boca. ¡Perfecto!- yo le estaba contando… a mi amiga… -Logré articular señalando a Pau- que… Anto piensa eso de… Nick –Suspiré.
Me miró desconfiado, el sabe cuando miento o no, y bueno… ¿Quién no se daría cuenta con lo nerviosa que me puse? El, por su cuenta, se acercó hasta mi amiga y se presentó.
_ Me llamo Joseph, un gusto –Dijo besando la mejilla de Paula, quien se puso colorada.
_ Paula –Pronunció atontada. Lo que completaría mi día de porquería seria que ella se enamorara de mi amado. Pero bueno, no puedo hacer nada.
_ ¿Qué les parece si dormimos? –Sugirió quien recién se levantaba.
_ Oh, sí, claro –Acoté entusiasmada.
Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
Capítulo XII.

_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Antonella no lo pensó ni un segundo y salió corriendo hacia la parte superior de la casa. En cambio, Nicholas lo medito atónito por unos instantes, mordiéndose los labios y creyendo que era imposible. Pero termino yendo en busca de mi hermana.
Después de observar la escena, miré detenidamente a Joseph. Estaba muy conmovido, y dolido, al igual que yo. Nos conocemos hace dieciséis años, nos estamos por graduar… ¿Por qué nos hacen esto? Lo amo tanto, y me alejan tanto. Pero bueno, tengo que madurar… me mudaré a Los Ángeles, le escribiré todos los días, me graduare allá… La vida continua… tengo dieciocho años, casi diecinueve. Supongo que para mis padres es difícil, tengo que ayudarlos y no darles un problema más. Amo mi vida, y si hay que cambiarla, no tengo porque hacerlo más complicado de lo que ya es.
_ Eve… ya sé que no hay vuelta atrás –Musitó Joe. Tomó una pausa y me miró detenidamente- asique… aprovechemos el tiempo que nos queda juntos… ¿Si? –Finalizo dándole paso a una serie de toces que me preocuparon bastante. Asentí con la cabeza y acerqué la palma de mi mano hasta la frente de mi amigo.
_ ¡Estas volando en fiebre! –Exclamé intentando volver a apoyar mi mano en su frente.
_ No es verdad –Se negó deteniendo mi paso. Obviamente, me gana en fuerza, asique lo logró fácilmente.
_ Llamaré a Denisse… -Lo amenacé. Ya que no me obedeció, me dispuse a pararme e ir en la búsqueda de su madre, pero al pasar por al lado suyo, me tomó de la mano e hizo que yo caiga encima de él. Nuestros labios se pegaron dándole espacio a un beso perfecto. Fue una de las cosas más hermosas de mi vida.
A los pocos segundos de separarnos, y aún pensando en nuestro hermoso momento, tomé asiento a su lado sin perder nuestro contacto visual.
_ Haré como que esto nunca pasó –Le informé con una sonrisa delatadora en mi rostro.
Imitó mi acto y esta vez sí logré llegar hasta Denisse y contarle lo que pasaba.
Enseguida corrió hasta el living, donde cuando llegamos vimos a Joe con los ojos cerrados, con ambas manos en su cabeza.
_ ¿Hijo, que te pasó? –Preguntó su progenitora. Joseph se limitó a abrir de a poco sus hermosos ojos, y a susurrar, realmente se sentía mal.
Mi amigo ni siquiera podría pronunciar palabra alguna. Solo optamos por acostarlo. Lentamente lo dirigimos hasta su habitación, donde ni bien se recostó, concilió el sueño.
_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
Capítulo XI.

Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.
Al estar bastante lejos de las hamacas, comencé a deslizarme hasta caer al suelo nuevamente, sin nada que hacer, solo con la fija idea de que me separarían de Joe. En eso, abrí mis hinchados ojos y vi que alguien se acercaba, si, era él, el chico de pelo lacio y oscuro.
_ ¿Eve, que… que te pasa? –Preguntó ayudándome a levantarme para luego darme un abrazo, un abrazo que quisiera que nunca se haya terminado. Y tal vez, sea uno de los últimos.
_ Joe, yo, yo me iré de aquí –Tartamudeé con mucha dificultad gracias a mi estado. Mis lágrimas no se cansaban de deslizarse por mis mejillas acabando así con el poco rubor que llevaba puesto. Y lo único que faltaba para recordar memorablemente este día como el peor, era que se largue a llover, y así fue. Pero a pesar de todo, nos seguíamos mirando a los ojos.
_ Te vas a resfriar, vamos… -Ordenó mi amigo al ver que el llevaba una remera de mangas largas y yo estaba en musculosa.
_ Quiero quedarme –Susurré sobre sus labios, a punto de rosarlos, y temblado por el frío que ocasionaba la tormenta- Joe… Joe… me mudaré a Los Ángeles… -Dije aferrándome mucho más de lo que estaba a su pecho.
_ ¿Qué dices? –Inquirió entrando en mi estado. Lo tomé de la mano y lo lleve debajo de un árbol. Siempre nos sentamos ahí, desde pequeños. Es como nuestro lugar en el mundo.
_ Me iré, a mi papá lo transfirieron allá, y… tendré que mudarme mucho antes de la graduación –Informé secando un poco mi rostro, aunque era demasiado inútil ya que por las hojas caían frías y pesadas gotas de agua.
_ No puedes irte así como así… es imposible… no quiero que nos separen –Musitó con dificultad ya que todas sus palabras fueron interrumpidas por fuertes toces, y pude notar como su voz se iba tornando ronca. Se estaba quedando afónico, y encima por mi culpa.
_ Joe, entremos, vamos a enfermarnos –Supliqué mientras seguía analizando su estado. Un rato más tarde me di cuenta de lo idiota que soy. Cuando nos estábamos encaminando hacia la puerta, recordé que Joseph me había advertido sobre esto, y sin embargo no presté atención.
En fin, entramos a la casa, y nos dirigimos rápidamente hacia el baño, pero al pasar por el living, Denisse, Nicholas y Antonella nos vieron.
_ ¿¡Qué les paso!? –Preguntó Denisse parándose repentinamente del sillón donde yacía sentada. Al rato, volvió corriendo con toallas, las que recibí agradecida.
_ Tengo que contarles algo, algo muy feo –Anuncié luego de secarme bien.
_ Yo mejor me retiro, cosas entre ustedes, entiendo –Pronunció Denisse y se esfumó antes de que yo pudiera decir otra palabra.
Miré por un rato la escena. Nick y Anto estaban tomados de la mano, muy juntos. Me da tanta angustia destruir eso; se ven hermosos, perfectos. Luego dirigí mi vista a mi compañero, el cual había tomado asiento a mi lado. Se lo veía tan triste, con su mirada perdida en algún punto fijo de la sala.
_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Capítulo X.

Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno. Por otro lado me siento muy mal, y no sólo porque estamos echando a perder nuestras vacaciones, sino porque estoy siendo un poco injusta con él, creo que a nadie le gustaría que le digan que la persona a la amas te está usando y por eso reaccionó como reaccionó. No puedo dejar de mirarlo, es tan perfecto, tan lindo.
_ No quiero pelearme con vos –Dijo agachando su cabeza. Tomé su mentón y lo subí hasta que nuestras miradas chocaran. Esos momentos eran hermosos, porque somos nosotros dos, Joe y yo, solo los dos.
_ Créeme que yo tampoco –Susurré a punto de estallar en llanto nuevamente.
Nos dimos el abrazo más hermoso de todo el mundo; no quería que acabara jamás.
_ Te quiero tanto… -Pronunció a la altura de mis hombros- pero a veces no te comprendo… ¿Por qué me dijiste eso? -Preguntó separando lentamente su cuerpo del mío. Soy lo suficientemente fuerte como para afrontar lo que viene. Ya no aguanto esto, tengo que soltarlo, pero… ¿Cómo le digo que me gusta, que lo amo?
Empecé a buscar palabras adecuadas mientras el sólo se limitaba a observarme. Cuando creí que estaba lista, Denisse ingresó en la escena.
_ Buenos días chicos –Alertó la madre- ¿Cómo durmieron?
_ Muy bien, gracias –Respondí amablemente, mi amigo sólo sonrió.
_ Bueno, me alegro, vamos a desayunar, ¿Qué les parece? –Propuso acompañando con su hermoso tono de voz, dulce y suave.
Nos dirigimos al comedor, donde toda la familia se encontraba reunida, excepto mi hermana y mi cuñado.
_ ¿Dónde están los tontos? –Preguntó mi acompañante tomando asiento al lado de su padre.
_ ¿Eh? –Musitó Kevin, al parecer no entendía nada. Bueno, jamás lo hace.
Me senté al lado suyo y pasé a explicarle de que se trataba.
_ Nicholas y Antonella siguen durmiendo en su nidito de amor –Se burló Joseph nuevamente.
_ Buenos días –Alertó la voz del hermano menor, acompañado de su novia.
Joe cerró su boca rápidamente y se metió un par de cereales en ella. Esta vez, Nick lo hizo tragarse sus palabras.
Disfrutamos de un desayuno poco común. La familia Jonas es increíble, adorable, muy unida sobre todo. Al acabar todo mi plato de cereales con leche, avisé que iba a hacer un llamado, desde que llegué que no sé nada de mis padres, de mi hermana, ¡y de Ethan!
Salí al jardín y marqué el número rápidamente. A los segundos, pude escuchar la dulce voz de mi madre, se la veía emocionada.
_ Hola mamá, ¿Cómo están todos allá? –Pregunté tomando asiento en una de las hamacas y mirando detenidamente cada detalle de mis zapatillas.
_ Muy bien hija, tengo que darte una noticia muy importante –Respondió con un dejo de felicidad en su tono de voz, creo que si es importante.
_ ¿Qué es mamá? Dime, dime, dime –Supliqué como niña de tres años.
_ ¡A tu padre le ofrecieron trabajo en una ciudad muy linda! ¡Nos mudaremos a Los Ángeles! –Exclamó aún más feliz que minutos antes.
¿Cómo puede estar feliz con eso? Es mi último año de secundaria, me separara de mis amigos, de mi familia que reside aquí, de… ¡de Joseph! Esto está muy mal, horrible, sin dudas este es el peor día de mi vida. ¿Cómo es posible que sean tan crueles? Oh, dios, cálmate Evelyn, esto se tiene que arreglar.
_ Hija, ¿Sigues ahí? –Dijo mi madre haciéndome huir de mis pensamientos.
_ Mamá… después te llamare, tengo que colgar. Te amo. –Musité alejando mi teléfono de la oreja y tirándolo suavemente en el pasto. Estaba atónita, a punto de llorar; esa fue la razón de porque corté la llamada con mi madre, si me escucha así, probablemente se preocupe, y no quiero que eso pase.
Tome mi cabeza entre mis manos y empecé a repetir una y otra vez ‘’No, no, no’’. Es imposible, ¡no puedo abandonar mi ciudad! ¿Cómo se lo digo a Anto? Dejar a Nicholas es lo mismo que el arranquen el corazón. Encima… Los Ángeles… ese lugar queda a cuatro horas de aquí, a cuatro horas de Joseph. Inevitablemente, estos pensamientos me hicieron dejar caer varias lágrimas. Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.

viernes, 17 de abril de 2009

Capítulo IX.

_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo estoy saliendo… -Susurró- yo estoy saliendo con Sally…
¿Escuché bien? ¿Dijo Sally? ¡Es la chica con la que me peleo desde jardín de infantes! No puedo creerlo… ¿Por qué me salen tan mal las cosas? Yo sabía que Joe andaba en algo raro, pero no puede estar saliendo con esa, sólo lo debe estar usando, es lo más probable, y como mejor amiga tengo que advertírselo.
_ Joe, Sally te está usando. Sabe que sos el más popular de la escuela, uno de los que tiene más dinero también, ella… solo quiere ganar popularidad –Le informé apenada, esperando que él me entienda, como hacía siempre. Pero para mi sorpresa, esta vez fue un poco brusco en sus palabras. Al menos eso sentí.
_ ¡Tú sólo quieres estar conmigo! ¡Porque tienes miedo de que yo pase más tiempo con ella que con vos entonces ay, pobre, vas a estar sola! ¡Tú eres la que me usa! ¡Por eso quieres alejarme de mi novia! –Gritó muy enfadado, vale decir que jamás lo vi así.
_ Joe… Joe, espera que…. –Perfecto. Las palabras no salen de mi boca. Sólo me limite a levantarme, dirigirme a mi ropero y empezar a empacar; no quiero estar ni un segundo más cerca de él. Llamaré a mi mamá, y viajaré hasta casa; conozco muy bien donde se sacan los pasajes. No entiendo cómo puede pensar eso de mí… ¿Cómo se puede imaginar que yo lo estoy usando? Seguramente, la idiota de Sally le lleno la cabeza en contra mía.
_ Oh, claro, ¡vete! ¡Pero no iré en tu búsqueda como la otra vez en la casa de Tom, eh!-Fue lo último que lo escuche gritar antes de que desaparezca por la puerta. ¿Dónde quedo el Joe caballero que arregla todo con abrazos? Dios, se fue hace mucho tiempo y no me di cuenta, ¿Cuándo fue que mi amigo se hizo así?
Sujete mi bolso a mi hombro y me dispuse a bajar las escaleras con sumo cuidado. Atravesé el pasillo, la cocina, el comedor y cuando estoy llegando al living, las luces de este se prenden de repente. Gracias a eso casi me quedo ciega.
_ Eve ¿A dónde vas? –Preguntó el hermano mayor, Kevin. El se encontraba recostado en el sillón, viendo televisión.
_ Sólo quiero irme de aquí –Musité con dificultad ya que al pensar lo que sucedió hace instantes hace que broten más lagrimas de mis ojos. No aguante más el dolor que me estaba comiendo por dentro, solo me quedaba echarme en los brazos de Kevin, contarle lo que pasó y como siempre, que me ayude a buscar una solución. Me refugié en sus brazos por media hora, mientras el acariciaba lentamente mi cabello. Mis ojos estaban hinchados de tanto llorar aferrada a su remera, lo que también me servía de almohada, ya que al poco tiempo me quedé dormida, al igual que el. Al otro día nos despertaron unos ¿Aplausos? Lentamente abrimos los ojos, la luz estaba prendida, lo que hizo que los achinemos rápidamente. Joseph era el que aplaudía.
_ ¿Qué… qué pasa? –Preguntó el aún dormido Kevin.
_ Menos mal que te ibas a tu casa, a no, ¿mejor quedarse con Kevin? Claro, muy bien… -Pronunció enfadado.
_ Espera; ¿Por qué me atacas tanto?¿Joseph, que rayos ocurre contigo? –Cuestioné mientras me paraba en frente suyo- ¿Qué te ocurre? Hasta ayer estábamos muy bien… ¿¡Que mierda te pasa!? –Interrogué muy enojada, esta situación no me hace muy bien. Y no me gustaría que Kevin oiga todo.
_ Kevin, retírate –Ordenó mi amigo, o… ex amigo.
_ Mm… -Lo dudo por unos instantes- Eve, si necesitas algo, estoy en lo de Nicholas. Joseph, hablaremos más tarde- Dijo mi consolador saliendo del living.
Joe y yo nos miramos por un momento. Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno.