Capítulo XV.
Estábamos tan ciegos y desesperados que no vimos hacia dónde íbamos, a tal punto que llegamos a perdernos en la enorme oscuridad que provoco la tormenta, muertos de frío, con nuestros celulares sin señal, y solos, completamente solos.
Me senté en el pasto, en señal de agotamiento. Joseph se sentó al lado mío prometiéndome que nada pasaría. Solo comencé a imaginarme como seria si ellos no volvieran, que horrible.
_ Joe… -Lo llamé.
_ ¿Qué pasa? –Dijo tomando mi rostro, separando mi fría mirada de la carretera- Oh no… no llores… sabes que no va a pasar nada…. –Siguió.
_ ¿Y si pasa? –Pregunté como una idiota, pero estoy asustada, sola, y sin saber cómo están mis hermanos. Si, mis hermanos, porque aunque Nicholas no lo sea de verdad, es de corazón.
_ Jamás pasara nada, no mientras yo esté aquí –Informo besando mi mejilla. No me contuve. Sus palabras fueron hermosas, el es hermoso. Lo abracé como jamás abracé a nadie, y estuvimos un largo rato sin querer despegarnos.
Es horrible decirlo, pero el momento de nuestro tierno abrazo finalizó, al igual que la lluvia.
Nos paramos dispuestos a seguir caminando, cuando vimos que un auto bastante parecido al de papá Jonas se acercaba.
martes, 19 de mayo de 2009
Capítulo XIV.
Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
A la mañana siguiente, desperté lo más normal, sin pensamientos perturbadores y tontos. Me senté en mi cama con los pies tocando la suave alfombra, y miré a Pau, quien estaba profundamente dormida. Luego dirigí mi vista hacia el reloj, había pensado en despertar a mi amiga, pero viendo que son las ocho de la mañana, prefiero no interrumpir su sueño.
Salí de la habitación aún en piyama. Al pasar por la habitación donde dormían Nick y Anto no los encontré, que raro que ellos despierten tan temprano, siempre son los últimos en salir de su cama. Tal vez, hoy sea el día del Apocalipsis y los tortolitos se hayan levantado temprano. Probablemente, estén desayunando. Pero para mi sorpresa, al ingresar en el comedor, no me encontré con la parejita, sino con Joseph.
_ Buenos días –Dije abrazándolo, mientras el intentaba zafarse de mis brazos para poder terminar de comer la tostada que había quedado pegada en mi pelo- ¡Joe! ¡No podes ser tan bruto! –Exclamé en mi intento por sacar toda la mermelada que mi amigo me había pegado en mi hermosa cabellera.
Corrí hasta la piletita de la cocina dispuesta a enjuagar el mechón manchado. Logrando mi cometido, volví al lugar donde se encontraba mi amigo, en compañía de sus peligrosas tostadas.
_ Lo siento –Se disculpó viendo que ambos reíamos. Tomé asiento a su lado y le pregunté por su hermano.
_ Debe estar durmiendo –Respondió dándole un sorbo a su café.
_ Créeme, no lo está –Repuse alarmándome. ¿Dónde habrán ido?
_ Llamémoslo al celular, tal vez fueron de compras –Sugirió.
_ Buena idea –Lo alenté mientras el tomaba su celular y mantenía apretado el numero 3 de este. Supongo que ese es el atajo al teléfono de Nicholas.
Hizo dos intentos de comunicarse con su hermano, fallidos por cierto. Lo obligué a que intente una vez más. Y por fin, el chico de rulos se decidió a atender la llamada.
NARRA NICHOLAS.
No puedo creer que se vayan a Los Ángeles, sin duda, esta noticia me agarró con la guardia baja. Pero gracias al plan de Anto, de escaparnos los dos solos, y decir que no nos busquen, vamos a poder estar juntos para siempre.
Tomé prestado el auto de Kevin y aquí estamos, en la carretera, rumbo a algún lugar que nos separe de toda la basura que nos esperaba allí.
Mi teléfono no para de sonar, es algo irritante, y más sabiendo que es Joseph. Sera mejor que lo atienda.
_ ¿Hola? –Respondí haciendo al auto a un lado de la carretera. Anto bajó y se sentó en el pasto a observar el cielo, sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal. Yo, por mi cuenta, me apoyé en el capo del auto y me dediqué a mirarla.
_ ¿¡Donde te metiste!? –Gritó Joe del otro lado de la línea.
_ Bró, te digo si te calmas un poco –Impuse mis derechos. El no puede tratarme como si fuera su hijo.
_ Rayos, está bien –Protesto dando un pequeño suspiro- Dime, ¿Dónde estás?
_ Me escapé de casa –Le informe cerrando los ojos. Sé que se va a poner como loco, va, un poco más de lo que esta. Pero bueno… es mi hermano de confianza, tengo que decírselo- Avísale a mamá que estoy con Anto y que estamos bien. Te quiero hermano –Acoté dispuesto a cortar la llamada.
_ ¡Nicholas! –Lo escuche decir en un tono afligido, pero no me quedo otra que cerrar la tapa de mi celular y suspirar nuevamente.
NARRA EVELYN.
Después de que mi amigo corto el teléfono y me contó lo sucedido, quedé inmóvil. Yo no creía capaz de hacer esto a Nick, ¡y menos a Anto! Con sus poses de niños inocentes, no te dan a creer este tipo de locuras. ¡Por dios, solo tienen 16 años! Pero están ciegos de amor… ¿Qué voy a hacer? Tengo que ir a buscarlos.
_ Vamos Joe –Le ordené haciendo que el también salga de su transe, en el cual se quedo con su tostada en la mano, a punto de darle un mordisco, mirando la nada, estaba pensativo.
Rápidamente salimos de la casa y paramos al primer taxi que vimos. No agarramos el auto de papá Jonas ya que Joseph no tiene licencia, y lo único que nos falta es que nos pare un policía.
El taxi nos llevó hasta una parte de la carretera, Joe pago lo que debíamos y bajamos del automóvil apresuradamente.
No podemos ser tan inútiles de irnos hasta la mitad de la carretera, y para colmo, se largo a llover. Sin pensarlo, seguimos caminando, en medio de la nada. Estábamos tan ciegos y desesperados que no vimos hacia dónde íbamos, a tal punto que llegamos a perdernos en la enorme oscuridad que provoco la tormenta, muertos de frío, con nuestros celulares sin señal, y solos, completamente solos.
Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
A la mañana siguiente, desperté lo más normal, sin pensamientos perturbadores y tontos. Me senté en mi cama con los pies tocando la suave alfombra, y miré a Pau, quien estaba profundamente dormida. Luego dirigí mi vista hacia el reloj, había pensado en despertar a mi amiga, pero viendo que son las ocho de la mañana, prefiero no interrumpir su sueño.
Salí de la habitación aún en piyama. Al pasar por la habitación donde dormían Nick y Anto no los encontré, que raro que ellos despierten tan temprano, siempre son los últimos en salir de su cama. Tal vez, hoy sea el día del Apocalipsis y los tortolitos se hayan levantado temprano. Probablemente, estén desayunando. Pero para mi sorpresa, al ingresar en el comedor, no me encontré con la parejita, sino con Joseph.
_ Buenos días –Dije abrazándolo, mientras el intentaba zafarse de mis brazos para poder terminar de comer la tostada que había quedado pegada en mi pelo- ¡Joe! ¡No podes ser tan bruto! –Exclamé en mi intento por sacar toda la mermelada que mi amigo me había pegado en mi hermosa cabellera.
Corrí hasta la piletita de la cocina dispuesta a enjuagar el mechón manchado. Logrando mi cometido, volví al lugar donde se encontraba mi amigo, en compañía de sus peligrosas tostadas.
_ Lo siento –Se disculpó viendo que ambos reíamos. Tomé asiento a su lado y le pregunté por su hermano.
_ Debe estar durmiendo –Respondió dándole un sorbo a su café.
_ Créeme, no lo está –Repuse alarmándome. ¿Dónde habrán ido?
_ Llamémoslo al celular, tal vez fueron de compras –Sugirió.
_ Buena idea –Lo alenté mientras el tomaba su celular y mantenía apretado el numero 3 de este. Supongo que ese es el atajo al teléfono de Nicholas.
Hizo dos intentos de comunicarse con su hermano, fallidos por cierto. Lo obligué a que intente una vez más. Y por fin, el chico de rulos se decidió a atender la llamada.
NARRA NICHOLAS.
No puedo creer que se vayan a Los Ángeles, sin duda, esta noticia me agarró con la guardia baja. Pero gracias al plan de Anto, de escaparnos los dos solos, y decir que no nos busquen, vamos a poder estar juntos para siempre.
Tomé prestado el auto de Kevin y aquí estamos, en la carretera, rumbo a algún lugar que nos separe de toda la basura que nos esperaba allí.
Mi teléfono no para de sonar, es algo irritante, y más sabiendo que es Joseph. Sera mejor que lo atienda.
_ ¿Hola? –Respondí haciendo al auto a un lado de la carretera. Anto bajó y se sentó en el pasto a observar el cielo, sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal. Yo, por mi cuenta, me apoyé en el capo del auto y me dediqué a mirarla.
_ ¿¡Donde te metiste!? –Gritó Joe del otro lado de la línea.
_ Bró, te digo si te calmas un poco –Impuse mis derechos. El no puede tratarme como si fuera su hijo.
_ Rayos, está bien –Protesto dando un pequeño suspiro- Dime, ¿Dónde estás?
_ Me escapé de casa –Le informe cerrando los ojos. Sé que se va a poner como loco, va, un poco más de lo que esta. Pero bueno… es mi hermano de confianza, tengo que decírselo- Avísale a mamá que estoy con Anto y que estamos bien. Te quiero hermano –Acoté dispuesto a cortar la llamada.
_ ¡Nicholas! –Lo escuche decir en un tono afligido, pero no me quedo otra que cerrar la tapa de mi celular y suspirar nuevamente.
NARRA EVELYN.
Después de que mi amigo corto el teléfono y me contó lo sucedido, quedé inmóvil. Yo no creía capaz de hacer esto a Nick, ¡y menos a Anto! Con sus poses de niños inocentes, no te dan a creer este tipo de locuras. ¡Por dios, solo tienen 16 años! Pero están ciegos de amor… ¿Qué voy a hacer? Tengo que ir a buscarlos.
_ Vamos Joe –Le ordené haciendo que el también salga de su transe, en el cual se quedo con su tostada en la mano, a punto de darle un mordisco, mirando la nada, estaba pensativo.
Rápidamente salimos de la casa y paramos al primer taxi que vimos. No agarramos el auto de papá Jonas ya que Joseph no tiene licencia, y lo único que nos falta es que nos pare un policía.
El taxi nos llevó hasta una parte de la carretera, Joe pago lo que debíamos y bajamos del automóvil apresuradamente.
No podemos ser tan inútiles de irnos hasta la mitad de la carretera, y para colmo, se largo a llover. Sin pensarlo, seguimos caminando, en medio de la nada. Estábamos tan ciegos y desesperados que no vimos hacia dónde íbamos, a tal punto que llegamos a perdernos en la enorme oscuridad que provoco la tormenta, muertos de frío, con nuestros celulares sin señal, y solos, completamente solos.
Capítulo XIII.
_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
_ Sí, claro, no se preocupe –Mis palabras hicieron que de un gran suspiro- eso sí… ¿le molestaría que una amiga venga a hacerme compañía? No vive lejos…
_ Claro que no, siéntete como en tu casa –Interrumpió tomando su bolso y encaminándose rumbo a la puerta- Adiós querida, si necesitas algo, sabes mi teléfono…
Asentí con la cabeza y esperé unos instantes hasta que escuché que el motor de la camioneta se encendía. Cerré la puerta con llave y me dirigí rápidamente hasta el teléfono que se encuentra en la pieza de Joseph. Marqué el número de una vieja amiga. No la veo hace mucho, y quiero contarle acerca de mis problemas, y presentarle a Joe, obviamente.
Esperé unos segundos hasta que oí a la dulce voz de mi amiga del otro lado de la línea. La llamada fue muy corta, no me gusta usar los teléfonos ajenos.
A la media hora, el timbre sonaba. Abrí la puerta emocionada y allí se encontraba mi invitada, tan casual e impecable como siempre.
_ ¡Pau! –Grité dándole un abrazo ‘’de oso’’. Hace años que no la veía gracias a que se mudó aquí.
_ Eve… tanto tiempo –Pronunció aún sin soltarme- cuéntame todo… ¡tienes que ponerme al día!
_ Bueno… escucha… tengo que darte una noticia no muy agradable –Musité haciendo el esfuerzo para que mis lágrimas no huyan de mis ojos- me mudaré a Los Ángeles el mes que viene…
_ Oh, vaya… -Suspiró cabizbaja- te voy a extrañar –siguió abrazándome con muchas más fuerzas- te adoro –finalizó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
_ Te mostraré a mi mejor amigo –Dije olvidando todo lo anterior, quiero pasarla bien esta noche, ya tendré tiempo para despedirme y llorar.
_ A ver… ¿Es guapo? –Pregunto picarona. Paula es así, lo único que es esencial en su vida son sus amigas y los chicos. Cada vez que la veo tiene un nuevo novio, o alguien en la mira. En jardín de infantes salió reina del grado gracias a todos los votos que recibió departe de los varones.
_ Es hermoso… precioso… el chico ideal… -Susurré sobre su oreja al ingresar en la habitación del chico. Prendí el velador y se lo enseñé a mi amiga recién llegada.
_ Guau –Dijo admirándolo por completo- supongo que ya… -Continuó haciendo unos gestos raros que no pude descifrar.
_ ¿eh? –Fue lo único que pude idear gracias a mi estado de confusión.
_ Si ya se besaron, tonta –Respondió llevándose ambas manos a la cabeza, en signo de que si soy media estúpida.
_ Si… y fue hermoso… pero él tiene novia, y sé que jamás se va repetir… -Informé apenada cuando vi, asustadísima, que la anatomía de Joe se levantaba y se ponía de pie.
Comenzó a caminar hacia mí sin despegar sus ojos color café, parecían confundidos.
_ ¿Asique soy hermoso, precioso, el chico ideal? –Preguntó deteniendo su paso frente a mí, y con una sonrisa seductora dibujada en su cara.
Lo único que me faltaba era que me escuchara, y para mi suerte, lo hizo ¿Qué hago? ¿Que digo? ¿Confieso? ¡No! Dios… ya se. No estoy segura de mis palabras pero haré un esfuerzo.
_ No… es que yo… yo le estaba –Y como si fuera poco, las palabras no salen de mi boca. ¡Perfecto!- yo le estaba contando… a mi amiga… -Logré articular señalando a Pau- que… Anto piensa eso de… Nick –Suspiré.
Me miró desconfiado, el sabe cuando miento o no, y bueno… ¿Quién no se daría cuenta con lo nerviosa que me puse? El, por su cuenta, se acercó hasta mi amiga y se presentó.
_ Me llamo Joseph, un gusto –Dijo besando la mejilla de Paula, quien se puso colorada.
_ Paula –Pronunció atontada. Lo que completaría mi día de porquería seria que ella se enamorara de mi amado. Pero bueno, no puedo hacer nada.
_ ¿Qué les parece si dormimos? –Sugirió quien recién se levantaba.
_ Oh, sí, claro –Acoté entusiasmada.
Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
_ Sí, claro, no se preocupe –Mis palabras hicieron que de un gran suspiro- eso sí… ¿le molestaría que una amiga venga a hacerme compañía? No vive lejos…
_ Claro que no, siéntete como en tu casa –Interrumpió tomando su bolso y encaminándose rumbo a la puerta- Adiós querida, si necesitas algo, sabes mi teléfono…
Asentí con la cabeza y esperé unos instantes hasta que escuché que el motor de la camioneta se encendía. Cerré la puerta con llave y me dirigí rápidamente hasta el teléfono que se encuentra en la pieza de Joseph. Marqué el número de una vieja amiga. No la veo hace mucho, y quiero contarle acerca de mis problemas, y presentarle a Joe, obviamente.
Esperé unos segundos hasta que oí a la dulce voz de mi amiga del otro lado de la línea. La llamada fue muy corta, no me gusta usar los teléfonos ajenos.
A la media hora, el timbre sonaba. Abrí la puerta emocionada y allí se encontraba mi invitada, tan casual e impecable como siempre.
_ ¡Pau! –Grité dándole un abrazo ‘’de oso’’. Hace años que no la veía gracias a que se mudó aquí.
_ Eve… tanto tiempo –Pronunció aún sin soltarme- cuéntame todo… ¡tienes que ponerme al día!
_ Bueno… escucha… tengo que darte una noticia no muy agradable –Musité haciendo el esfuerzo para que mis lágrimas no huyan de mis ojos- me mudaré a Los Ángeles el mes que viene…
_ Oh, vaya… -Suspiró cabizbaja- te voy a extrañar –siguió abrazándome con muchas más fuerzas- te adoro –finalizó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
_ Te mostraré a mi mejor amigo –Dije olvidando todo lo anterior, quiero pasarla bien esta noche, ya tendré tiempo para despedirme y llorar.
_ A ver… ¿Es guapo? –Pregunto picarona. Paula es así, lo único que es esencial en su vida son sus amigas y los chicos. Cada vez que la veo tiene un nuevo novio, o alguien en la mira. En jardín de infantes salió reina del grado gracias a todos los votos que recibió departe de los varones.
_ Es hermoso… precioso… el chico ideal… -Susurré sobre su oreja al ingresar en la habitación del chico. Prendí el velador y se lo enseñé a mi amiga recién llegada.
_ Guau –Dijo admirándolo por completo- supongo que ya… -Continuó haciendo unos gestos raros que no pude descifrar.
_ ¿eh? –Fue lo único que pude idear gracias a mi estado de confusión.
_ Si ya se besaron, tonta –Respondió llevándose ambas manos a la cabeza, en signo de que si soy media estúpida.
_ Si… y fue hermoso… pero él tiene novia, y sé que jamás se va repetir… -Informé apenada cuando vi, asustadísima, que la anatomía de Joe se levantaba y se ponía de pie.
Comenzó a caminar hacia mí sin despegar sus ojos color café, parecían confundidos.
_ ¿Asique soy hermoso, precioso, el chico ideal? –Preguntó deteniendo su paso frente a mí, y con una sonrisa seductora dibujada en su cara.
Lo único que me faltaba era que me escuchara, y para mi suerte, lo hizo ¿Qué hago? ¿Que digo? ¿Confieso? ¡No! Dios… ya se. No estoy segura de mis palabras pero haré un esfuerzo.
_ No… es que yo… yo le estaba –Y como si fuera poco, las palabras no salen de mi boca. ¡Perfecto!- yo le estaba contando… a mi amiga… -Logré articular señalando a Pau- que… Anto piensa eso de… Nick –Suspiré.
Me miró desconfiado, el sabe cuando miento o no, y bueno… ¿Quién no se daría cuenta con lo nerviosa que me puse? El, por su cuenta, se acercó hasta mi amiga y se presentó.
_ Me llamo Joseph, un gusto –Dijo besando la mejilla de Paula, quien se puso colorada.
_ Paula –Pronunció atontada. Lo que completaría mi día de porquería seria que ella se enamorara de mi amado. Pero bueno, no puedo hacer nada.
_ ¿Qué les parece si dormimos? –Sugirió quien recién se levantaba.
_ Oh, sí, claro –Acoté entusiasmada.
Nos despedimos y dirigí a Paula hasta mi cuarto. Ella durmió en el suelo, ya que trajimos el colchón de la pieza de Frankie. Charlamos hasta altas horas de la noche, pero en un determinado momento, el sueño se hizo presente y no me quedo otra que aferrarme a mi almohada y obedecerle.
Capítulo XII.
_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Antonella no lo pensó ni un segundo y salió corriendo hacia la parte superior de la casa. En cambio, Nicholas lo medito atónito por unos instantes, mordiéndose los labios y creyendo que era imposible. Pero termino yendo en busca de mi hermana.
Después de observar la escena, miré detenidamente a Joseph. Estaba muy conmovido, y dolido, al igual que yo. Nos conocemos hace dieciséis años, nos estamos por graduar… ¿Por qué nos hacen esto? Lo amo tanto, y me alejan tanto. Pero bueno, tengo que madurar… me mudaré a Los Ángeles, le escribiré todos los días, me graduare allá… La vida continua… tengo dieciocho años, casi diecinueve. Supongo que para mis padres es difícil, tengo que ayudarlos y no darles un problema más. Amo mi vida, y si hay que cambiarla, no tengo porque hacerlo más complicado de lo que ya es.
_ Eve… ya sé que no hay vuelta atrás –Musitó Joe. Tomó una pausa y me miró detenidamente- asique… aprovechemos el tiempo que nos queda juntos… ¿Si? –Finalizo dándole paso a una serie de toces que me preocuparon bastante. Asentí con la cabeza y acerqué la palma de mi mano hasta la frente de mi amigo.
_ ¡Estas volando en fiebre! –Exclamé intentando volver a apoyar mi mano en su frente.
_ No es verdad –Se negó deteniendo mi paso. Obviamente, me gana en fuerza, asique lo logró fácilmente.
_ Llamaré a Denisse… -Lo amenacé. Ya que no me obedeció, me dispuse a pararme e ir en la búsqueda de su madre, pero al pasar por al lado suyo, me tomó de la mano e hizo que yo caiga encima de él. Nuestros labios se pegaron dándole espacio a un beso perfecto. Fue una de las cosas más hermosas de mi vida.
A los pocos segundos de separarnos, y aún pensando en nuestro hermoso momento, tomé asiento a su lado sin perder nuestro contacto visual.
_ Haré como que esto nunca pasó –Le informé con una sonrisa delatadora en mi rostro.
Imitó mi acto y esta vez sí logré llegar hasta Denisse y contarle lo que pasaba.
Enseguida corrió hasta el living, donde cuando llegamos vimos a Joe con los ojos cerrados, con ambas manos en su cabeza.
_ ¿Hijo, que te pasó? –Preguntó su progenitora. Joseph se limitó a abrir de a poco sus hermosos ojos, y a susurrar, realmente se sentía mal.
Mi amigo ni siquiera podría pronunciar palabra alguna. Solo optamos por acostarlo. Lentamente lo dirigimos hasta su habitación, donde ni bien se recostó, concilió el sueño.
_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Antonella no lo pensó ni un segundo y salió corriendo hacia la parte superior de la casa. En cambio, Nicholas lo medito atónito por unos instantes, mordiéndose los labios y creyendo que era imposible. Pero termino yendo en busca de mi hermana.
Después de observar la escena, miré detenidamente a Joseph. Estaba muy conmovido, y dolido, al igual que yo. Nos conocemos hace dieciséis años, nos estamos por graduar… ¿Por qué nos hacen esto? Lo amo tanto, y me alejan tanto. Pero bueno, tengo que madurar… me mudaré a Los Ángeles, le escribiré todos los días, me graduare allá… La vida continua… tengo dieciocho años, casi diecinueve. Supongo que para mis padres es difícil, tengo que ayudarlos y no darles un problema más. Amo mi vida, y si hay que cambiarla, no tengo porque hacerlo más complicado de lo que ya es.
_ Eve… ya sé que no hay vuelta atrás –Musitó Joe. Tomó una pausa y me miró detenidamente- asique… aprovechemos el tiempo que nos queda juntos… ¿Si? –Finalizo dándole paso a una serie de toces que me preocuparon bastante. Asentí con la cabeza y acerqué la palma de mi mano hasta la frente de mi amigo.
_ ¡Estas volando en fiebre! –Exclamé intentando volver a apoyar mi mano en su frente.
_ No es verdad –Se negó deteniendo mi paso. Obviamente, me gana en fuerza, asique lo logró fácilmente.
_ Llamaré a Denisse… -Lo amenacé. Ya que no me obedeció, me dispuse a pararme e ir en la búsqueda de su madre, pero al pasar por al lado suyo, me tomó de la mano e hizo que yo caiga encima de él. Nuestros labios se pegaron dándole espacio a un beso perfecto. Fue una de las cosas más hermosas de mi vida.
A los pocos segundos de separarnos, y aún pensando en nuestro hermoso momento, tomé asiento a su lado sin perder nuestro contacto visual.
_ Haré como que esto nunca pasó –Le informé con una sonrisa delatadora en mi rostro.
Imitó mi acto y esta vez sí logré llegar hasta Denisse y contarle lo que pasaba.
Enseguida corrió hasta el living, donde cuando llegamos vimos a Joe con los ojos cerrados, con ambas manos en su cabeza.
_ ¿Hijo, que te pasó? –Preguntó su progenitora. Joseph se limitó a abrir de a poco sus hermosos ojos, y a susurrar, realmente se sentía mal.
Mi amigo ni siquiera podría pronunciar palabra alguna. Solo optamos por acostarlo. Lentamente lo dirigimos hasta su habitación, donde ni bien se recostó, concilió el sueño.
_ Mi amor –Entonó Denisse mirándome con una mirada suplicante- ¿Podrías cuidar de Joseph mientras llevo a Frankie hasta la casa de uno de sus amigos? –Interrogó juntando dulcemente sus manos.
Capítulo XI.
Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.
Al estar bastante lejos de las hamacas, comencé a deslizarme hasta caer al suelo nuevamente, sin nada que hacer, solo con la fija idea de que me separarían de Joe. En eso, abrí mis hinchados ojos y vi que alguien se acercaba, si, era él, el chico de pelo lacio y oscuro.
_ ¿Eve, que… que te pasa? –Preguntó ayudándome a levantarme para luego darme un abrazo, un abrazo que quisiera que nunca se haya terminado. Y tal vez, sea uno de los últimos.
_ Joe, yo, yo me iré de aquí –Tartamudeé con mucha dificultad gracias a mi estado. Mis lágrimas no se cansaban de deslizarse por mis mejillas acabando así con el poco rubor que llevaba puesto. Y lo único que faltaba para recordar memorablemente este día como el peor, era que se largue a llover, y así fue. Pero a pesar de todo, nos seguíamos mirando a los ojos.
_ Te vas a resfriar, vamos… -Ordenó mi amigo al ver que el llevaba una remera de mangas largas y yo estaba en musculosa.
_ Quiero quedarme –Susurré sobre sus labios, a punto de rosarlos, y temblado por el frío que ocasionaba la tormenta- Joe… Joe… me mudaré a Los Ángeles… -Dije aferrándome mucho más de lo que estaba a su pecho.
_ ¿Qué dices? –Inquirió entrando en mi estado. Lo tomé de la mano y lo lleve debajo de un árbol. Siempre nos sentamos ahí, desde pequeños. Es como nuestro lugar en el mundo.
_ Me iré, a mi papá lo transfirieron allá, y… tendré que mudarme mucho antes de la graduación –Informé secando un poco mi rostro, aunque era demasiado inútil ya que por las hojas caían frías y pesadas gotas de agua.
_ No puedes irte así como así… es imposible… no quiero que nos separen –Musitó con dificultad ya que todas sus palabras fueron interrumpidas por fuertes toces, y pude notar como su voz se iba tornando ronca. Se estaba quedando afónico, y encima por mi culpa.
_ Joe, entremos, vamos a enfermarnos –Supliqué mientras seguía analizando su estado. Un rato más tarde me di cuenta de lo idiota que soy. Cuando nos estábamos encaminando hacia la puerta, recordé que Joseph me había advertido sobre esto, y sin embargo no presté atención.
En fin, entramos a la casa, y nos dirigimos rápidamente hacia el baño, pero al pasar por el living, Denisse, Nicholas y Antonella nos vieron.
_ ¿¡Qué les paso!? –Preguntó Denisse parándose repentinamente del sillón donde yacía sentada. Al rato, volvió corriendo con toallas, las que recibí agradecida.
_ Tengo que contarles algo, algo muy feo –Anuncié luego de secarme bien.
_ Yo mejor me retiro, cosas entre ustedes, entiendo –Pronunció Denisse y se esfumó antes de que yo pudiera decir otra palabra.
Miré por un rato la escena. Nick y Anto estaban tomados de la mano, muy juntos. Me da tanta angustia destruir eso; se ven hermosos, perfectos. Luego dirigí mi vista a mi compañero, el cual había tomado asiento a mi lado. Se lo veía tan triste, con su mirada perdida en algún punto fijo de la sala.
_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.
Al estar bastante lejos de las hamacas, comencé a deslizarme hasta caer al suelo nuevamente, sin nada que hacer, solo con la fija idea de que me separarían de Joe. En eso, abrí mis hinchados ojos y vi que alguien se acercaba, si, era él, el chico de pelo lacio y oscuro.
_ ¿Eve, que… que te pasa? –Preguntó ayudándome a levantarme para luego darme un abrazo, un abrazo que quisiera que nunca se haya terminado. Y tal vez, sea uno de los últimos.
_ Joe, yo, yo me iré de aquí –Tartamudeé con mucha dificultad gracias a mi estado. Mis lágrimas no se cansaban de deslizarse por mis mejillas acabando así con el poco rubor que llevaba puesto. Y lo único que faltaba para recordar memorablemente este día como el peor, era que se largue a llover, y así fue. Pero a pesar de todo, nos seguíamos mirando a los ojos.
_ Te vas a resfriar, vamos… -Ordenó mi amigo al ver que el llevaba una remera de mangas largas y yo estaba en musculosa.
_ Quiero quedarme –Susurré sobre sus labios, a punto de rosarlos, y temblado por el frío que ocasionaba la tormenta- Joe… Joe… me mudaré a Los Ángeles… -Dije aferrándome mucho más de lo que estaba a su pecho.
_ ¿Qué dices? –Inquirió entrando en mi estado. Lo tomé de la mano y lo lleve debajo de un árbol. Siempre nos sentamos ahí, desde pequeños. Es como nuestro lugar en el mundo.
_ Me iré, a mi papá lo transfirieron allá, y… tendré que mudarme mucho antes de la graduación –Informé secando un poco mi rostro, aunque era demasiado inútil ya que por las hojas caían frías y pesadas gotas de agua.
_ No puedes irte así como así… es imposible… no quiero que nos separen –Musitó con dificultad ya que todas sus palabras fueron interrumpidas por fuertes toces, y pude notar como su voz se iba tornando ronca. Se estaba quedando afónico, y encima por mi culpa.
_ Joe, entremos, vamos a enfermarnos –Supliqué mientras seguía analizando su estado. Un rato más tarde me di cuenta de lo idiota que soy. Cuando nos estábamos encaminando hacia la puerta, recordé que Joseph me había advertido sobre esto, y sin embargo no presté atención.
En fin, entramos a la casa, y nos dirigimos rápidamente hacia el baño, pero al pasar por el living, Denisse, Nicholas y Antonella nos vieron.
_ ¿¡Qué les paso!? –Preguntó Denisse parándose repentinamente del sillón donde yacía sentada. Al rato, volvió corriendo con toallas, las que recibí agradecida.
_ Tengo que contarles algo, algo muy feo –Anuncié luego de secarme bien.
_ Yo mejor me retiro, cosas entre ustedes, entiendo –Pronunció Denisse y se esfumó antes de que yo pudiera decir otra palabra.
Miré por un rato la escena. Nick y Anto estaban tomados de la mano, muy juntos. Me da tanta angustia destruir eso; se ven hermosos, perfectos. Luego dirigí mi vista a mi compañero, el cual había tomado asiento a mi lado. Se lo veía tan triste, con su mirada perdida en algún punto fijo de la sala.
_ Chicos… -Susurré acomodándome en el sillón- hoy, mamá me llamó… y me dijo que… nos mudaremos a Los Ángeles –Pronuncié largando eso que tanto me pesaba.
Capítulo X.
Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno. Por otro lado me siento muy mal, y no sólo porque estamos echando a perder nuestras vacaciones, sino porque estoy siendo un poco injusta con él, creo que a nadie le gustaría que le digan que la persona a la amas te está usando y por eso reaccionó como reaccionó. No puedo dejar de mirarlo, es tan perfecto, tan lindo.
_ No quiero pelearme con vos –Dijo agachando su cabeza. Tomé su mentón y lo subí hasta que nuestras miradas chocaran. Esos momentos eran hermosos, porque somos nosotros dos, Joe y yo, solo los dos.
_ Créeme que yo tampoco –Susurré a punto de estallar en llanto nuevamente.
Nos dimos el abrazo más hermoso de todo el mundo; no quería que acabara jamás.
_ Te quiero tanto… -Pronunció a la altura de mis hombros- pero a veces no te comprendo… ¿Por qué me dijiste eso? -Preguntó separando lentamente su cuerpo del mío. Soy lo suficientemente fuerte como para afrontar lo que viene. Ya no aguanto esto, tengo que soltarlo, pero… ¿Cómo le digo que me gusta, que lo amo?
Empecé a buscar palabras adecuadas mientras el sólo se limitaba a observarme. Cuando creí que estaba lista, Denisse ingresó en la escena.
_ Buenos días chicos –Alertó la madre- ¿Cómo durmieron?
_ Muy bien, gracias –Respondí amablemente, mi amigo sólo sonrió.
_ Bueno, me alegro, vamos a desayunar, ¿Qué les parece? –Propuso acompañando con su hermoso tono de voz, dulce y suave.
Nos dirigimos al comedor, donde toda la familia se encontraba reunida, excepto mi hermana y mi cuñado.
_ ¿Dónde están los tontos? –Preguntó mi acompañante tomando asiento al lado de su padre.
_ ¿Eh? –Musitó Kevin, al parecer no entendía nada. Bueno, jamás lo hace.
Me senté al lado suyo y pasé a explicarle de que se trataba.
_ Nicholas y Antonella siguen durmiendo en su nidito de amor –Se burló Joseph nuevamente.
_ Buenos días –Alertó la voz del hermano menor, acompañado de su novia.
Joe cerró su boca rápidamente y se metió un par de cereales en ella. Esta vez, Nick lo hizo tragarse sus palabras.
Disfrutamos de un desayuno poco común. La familia Jonas es increíble, adorable, muy unida sobre todo. Al acabar todo mi plato de cereales con leche, avisé que iba a hacer un llamado, desde que llegué que no sé nada de mis padres, de mi hermana, ¡y de Ethan!
Salí al jardín y marqué el número rápidamente. A los segundos, pude escuchar la dulce voz de mi madre, se la veía emocionada.
_ Hola mamá, ¿Cómo están todos allá? –Pregunté tomando asiento en una de las hamacas y mirando detenidamente cada detalle de mis zapatillas.
_ Muy bien hija, tengo que darte una noticia muy importante –Respondió con un dejo de felicidad en su tono de voz, creo que si es importante.
_ ¿Qué es mamá? Dime, dime, dime –Supliqué como niña de tres años.
_ ¡A tu padre le ofrecieron trabajo en una ciudad muy linda! ¡Nos mudaremos a Los Ángeles! –Exclamó aún más feliz que minutos antes.
¿Cómo puede estar feliz con eso? Es mi último año de secundaria, me separara de mis amigos, de mi familia que reside aquí, de… ¡de Joseph! Esto está muy mal, horrible, sin dudas este es el peor día de mi vida. ¿Cómo es posible que sean tan crueles? Oh, dios, cálmate Evelyn, esto se tiene que arreglar.
_ Hija, ¿Sigues ahí? –Dijo mi madre haciéndome huir de mis pensamientos.
_ Mamá… después te llamare, tengo que colgar. Te amo. –Musité alejando mi teléfono de la oreja y tirándolo suavemente en el pasto. Estaba atónita, a punto de llorar; esa fue la razón de porque corté la llamada con mi madre, si me escucha así, probablemente se preocupe, y no quiero que eso pase.
Tome mi cabeza entre mis manos y empecé a repetir una y otra vez ‘’No, no, no’’. Es imposible, ¡no puedo abandonar mi ciudad! ¿Cómo se lo digo a Anto? Dejar a Nicholas es lo mismo que el arranquen el corazón. Encima… Los Ángeles… ese lugar queda a cuatro horas de aquí, a cuatro horas de Joseph. Inevitablemente, estos pensamientos me hicieron dejar caer varias lágrimas. Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.
Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno. Por otro lado me siento muy mal, y no sólo porque estamos echando a perder nuestras vacaciones, sino porque estoy siendo un poco injusta con él, creo que a nadie le gustaría que le digan que la persona a la amas te está usando y por eso reaccionó como reaccionó. No puedo dejar de mirarlo, es tan perfecto, tan lindo.
_ No quiero pelearme con vos –Dijo agachando su cabeza. Tomé su mentón y lo subí hasta que nuestras miradas chocaran. Esos momentos eran hermosos, porque somos nosotros dos, Joe y yo, solo los dos.
_ Créeme que yo tampoco –Susurré a punto de estallar en llanto nuevamente.
Nos dimos el abrazo más hermoso de todo el mundo; no quería que acabara jamás.
_ Te quiero tanto… -Pronunció a la altura de mis hombros- pero a veces no te comprendo… ¿Por qué me dijiste eso? -Preguntó separando lentamente su cuerpo del mío. Soy lo suficientemente fuerte como para afrontar lo que viene. Ya no aguanto esto, tengo que soltarlo, pero… ¿Cómo le digo que me gusta, que lo amo?
Empecé a buscar palabras adecuadas mientras el sólo se limitaba a observarme. Cuando creí que estaba lista, Denisse ingresó en la escena.
_ Buenos días chicos –Alertó la madre- ¿Cómo durmieron?
_ Muy bien, gracias –Respondí amablemente, mi amigo sólo sonrió.
_ Bueno, me alegro, vamos a desayunar, ¿Qué les parece? –Propuso acompañando con su hermoso tono de voz, dulce y suave.
Nos dirigimos al comedor, donde toda la familia se encontraba reunida, excepto mi hermana y mi cuñado.
_ ¿Dónde están los tontos? –Preguntó mi acompañante tomando asiento al lado de su padre.
_ ¿Eh? –Musitó Kevin, al parecer no entendía nada. Bueno, jamás lo hace.
Me senté al lado suyo y pasé a explicarle de que se trataba.
_ Nicholas y Antonella siguen durmiendo en su nidito de amor –Se burló Joseph nuevamente.
_ Buenos días –Alertó la voz del hermano menor, acompañado de su novia.
Joe cerró su boca rápidamente y se metió un par de cereales en ella. Esta vez, Nick lo hizo tragarse sus palabras.
Disfrutamos de un desayuno poco común. La familia Jonas es increíble, adorable, muy unida sobre todo. Al acabar todo mi plato de cereales con leche, avisé que iba a hacer un llamado, desde que llegué que no sé nada de mis padres, de mi hermana, ¡y de Ethan!
Salí al jardín y marqué el número rápidamente. A los segundos, pude escuchar la dulce voz de mi madre, se la veía emocionada.
_ Hola mamá, ¿Cómo están todos allá? –Pregunté tomando asiento en una de las hamacas y mirando detenidamente cada detalle de mis zapatillas.
_ Muy bien hija, tengo que darte una noticia muy importante –Respondió con un dejo de felicidad en su tono de voz, creo que si es importante.
_ ¿Qué es mamá? Dime, dime, dime –Supliqué como niña de tres años.
_ ¡A tu padre le ofrecieron trabajo en una ciudad muy linda! ¡Nos mudaremos a Los Ángeles! –Exclamó aún más feliz que minutos antes.
¿Cómo puede estar feliz con eso? Es mi último año de secundaria, me separara de mis amigos, de mi familia que reside aquí, de… ¡de Joseph! Esto está muy mal, horrible, sin dudas este es el peor día de mi vida. ¿Cómo es posible que sean tan crueles? Oh, dios, cálmate Evelyn, esto se tiene que arreglar.
_ Hija, ¿Sigues ahí? –Dijo mi madre haciéndome huir de mis pensamientos.
_ Mamá… después te llamare, tengo que colgar. Te amo. –Musité alejando mi teléfono de la oreja y tirándolo suavemente en el pasto. Estaba atónita, a punto de llorar; esa fue la razón de porque corté la llamada con mi madre, si me escucha así, probablemente se preocupe, y no quiero que eso pase.
Tome mi cabeza entre mis manos y empecé a repetir una y otra vez ‘’No, no, no’’. Es imposible, ¡no puedo abandonar mi ciudad! ¿Cómo se lo digo a Anto? Dejar a Nicholas es lo mismo que el arranquen el corazón. Encima… Los Ángeles… ese lugar queda a cuatro horas de aquí, a cuatro horas de Joseph. Inevitablemente, estos pensamientos me hicieron dejar caer varias lágrimas. Me levanté de la hamaca, y comencé a alejarme más, sin saber qué hacer, como detener mi tiempo, como hacer que no pase, para quedarme con él, con el amor de mi vida.
viernes, 17 de abril de 2009
Capítulo IX.
_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo estoy saliendo… -Susurró- yo estoy saliendo con Sally…
¿Escuché bien? ¿Dijo Sally? ¡Es la chica con la que me peleo desde jardín de infantes! No puedo creerlo… ¿Por qué me salen tan mal las cosas? Yo sabía que Joe andaba en algo raro, pero no puede estar saliendo con esa, sólo lo debe estar usando, es lo más probable, y como mejor amiga tengo que advertírselo.
_ Joe, Sally te está usando. Sabe que sos el más popular de la escuela, uno de los que tiene más dinero también, ella… solo quiere ganar popularidad –Le informé apenada, esperando que él me entienda, como hacía siempre. Pero para mi sorpresa, esta vez fue un poco brusco en sus palabras. Al menos eso sentí.
_ ¡Tú sólo quieres estar conmigo! ¡Porque tienes miedo de que yo pase más tiempo con ella que con vos entonces ay, pobre, vas a estar sola! ¡Tú eres la que me usa! ¡Por eso quieres alejarme de mi novia! –Gritó muy enfadado, vale decir que jamás lo vi así.
_ Joe… Joe, espera que…. –Perfecto. Las palabras no salen de mi boca. Sólo me limite a levantarme, dirigirme a mi ropero y empezar a empacar; no quiero estar ni un segundo más cerca de él. Llamaré a mi mamá, y viajaré hasta casa; conozco muy bien donde se sacan los pasajes. No entiendo cómo puede pensar eso de mí… ¿Cómo se puede imaginar que yo lo estoy usando? Seguramente, la idiota de Sally le lleno la cabeza en contra mía.
_ Oh, claro, ¡vete! ¡Pero no iré en tu búsqueda como la otra vez en la casa de Tom, eh!-Fue lo último que lo escuche gritar antes de que desaparezca por la puerta. ¿Dónde quedo el Joe caballero que arregla todo con abrazos? Dios, se fue hace mucho tiempo y no me di cuenta, ¿Cuándo fue que mi amigo se hizo así?
Sujete mi bolso a mi hombro y me dispuse a bajar las escaleras con sumo cuidado. Atravesé el pasillo, la cocina, el comedor y cuando estoy llegando al living, las luces de este se prenden de repente. Gracias a eso casi me quedo ciega.
_ Eve ¿A dónde vas? –Preguntó el hermano mayor, Kevin. El se encontraba recostado en el sillón, viendo televisión.
_ Sólo quiero irme de aquí –Musité con dificultad ya que al pensar lo que sucedió hace instantes hace que broten más lagrimas de mis ojos. No aguante más el dolor que me estaba comiendo por dentro, solo me quedaba echarme en los brazos de Kevin, contarle lo que pasó y como siempre, que me ayude a buscar una solución. Me refugié en sus brazos por media hora, mientras el acariciaba lentamente mi cabello. Mis ojos estaban hinchados de tanto llorar aferrada a su remera, lo que también me servía de almohada, ya que al poco tiempo me quedé dormida, al igual que el. Al otro día nos despertaron unos ¿Aplausos? Lentamente abrimos los ojos, la luz estaba prendida, lo que hizo que los achinemos rápidamente. Joseph era el que aplaudía.
_ ¿Qué… qué pasa? –Preguntó el aún dormido Kevin.
_ Menos mal que te ibas a tu casa, a no, ¿mejor quedarse con Kevin? Claro, muy bien… -Pronunció enfadado.
_ Espera; ¿Por qué me atacas tanto?¿Joseph, que rayos ocurre contigo? –Cuestioné mientras me paraba en frente suyo- ¿Qué te ocurre? Hasta ayer estábamos muy bien… ¿¡Que mierda te pasa!? –Interrogué muy enojada, esta situación no me hace muy bien. Y no me gustaría que Kevin oiga todo.
_ Kevin, retírate –Ordenó mi amigo, o… ex amigo.
_ Mm… -Lo dudo por unos instantes- Eve, si necesitas algo, estoy en lo de Nicholas. Joseph, hablaremos más tarde- Dijo mi consolador saliendo del living.
Joe y yo nos miramos por un momento. Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno.
_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo estoy saliendo… -Susurró- yo estoy saliendo con Sally…
¿Escuché bien? ¿Dijo Sally? ¡Es la chica con la que me peleo desde jardín de infantes! No puedo creerlo… ¿Por qué me salen tan mal las cosas? Yo sabía que Joe andaba en algo raro, pero no puede estar saliendo con esa, sólo lo debe estar usando, es lo más probable, y como mejor amiga tengo que advertírselo.
_ Joe, Sally te está usando. Sabe que sos el más popular de la escuela, uno de los que tiene más dinero también, ella… solo quiere ganar popularidad –Le informé apenada, esperando que él me entienda, como hacía siempre. Pero para mi sorpresa, esta vez fue un poco brusco en sus palabras. Al menos eso sentí.
_ ¡Tú sólo quieres estar conmigo! ¡Porque tienes miedo de que yo pase más tiempo con ella que con vos entonces ay, pobre, vas a estar sola! ¡Tú eres la que me usa! ¡Por eso quieres alejarme de mi novia! –Gritó muy enfadado, vale decir que jamás lo vi así.
_ Joe… Joe, espera que…. –Perfecto. Las palabras no salen de mi boca. Sólo me limite a levantarme, dirigirme a mi ropero y empezar a empacar; no quiero estar ni un segundo más cerca de él. Llamaré a mi mamá, y viajaré hasta casa; conozco muy bien donde se sacan los pasajes. No entiendo cómo puede pensar eso de mí… ¿Cómo se puede imaginar que yo lo estoy usando? Seguramente, la idiota de Sally le lleno la cabeza en contra mía.
_ Oh, claro, ¡vete! ¡Pero no iré en tu búsqueda como la otra vez en la casa de Tom, eh!-Fue lo último que lo escuche gritar antes de que desaparezca por la puerta. ¿Dónde quedo el Joe caballero que arregla todo con abrazos? Dios, se fue hace mucho tiempo y no me di cuenta, ¿Cuándo fue que mi amigo se hizo así?
Sujete mi bolso a mi hombro y me dispuse a bajar las escaleras con sumo cuidado. Atravesé el pasillo, la cocina, el comedor y cuando estoy llegando al living, las luces de este se prenden de repente. Gracias a eso casi me quedo ciega.
_ Eve ¿A dónde vas? –Preguntó el hermano mayor, Kevin. El se encontraba recostado en el sillón, viendo televisión.
_ Sólo quiero irme de aquí –Musité con dificultad ya que al pensar lo que sucedió hace instantes hace que broten más lagrimas de mis ojos. No aguante más el dolor que me estaba comiendo por dentro, solo me quedaba echarme en los brazos de Kevin, contarle lo que pasó y como siempre, que me ayude a buscar una solución. Me refugié en sus brazos por media hora, mientras el acariciaba lentamente mi cabello. Mis ojos estaban hinchados de tanto llorar aferrada a su remera, lo que también me servía de almohada, ya que al poco tiempo me quedé dormida, al igual que el. Al otro día nos despertaron unos ¿Aplausos? Lentamente abrimos los ojos, la luz estaba prendida, lo que hizo que los achinemos rápidamente. Joseph era el que aplaudía.
_ ¿Qué… qué pasa? –Preguntó el aún dormido Kevin.
_ Menos mal que te ibas a tu casa, a no, ¿mejor quedarse con Kevin? Claro, muy bien… -Pronunció enfadado.
_ Espera; ¿Por qué me atacas tanto?¿Joseph, que rayos ocurre contigo? –Cuestioné mientras me paraba en frente suyo- ¿Qué te ocurre? Hasta ayer estábamos muy bien… ¿¡Que mierda te pasa!? –Interrogué muy enojada, esta situación no me hace muy bien. Y no me gustaría que Kevin oiga todo.
_ Kevin, retírate –Ordenó mi amigo, o… ex amigo.
_ Mm… -Lo dudo por unos instantes- Eve, si necesitas algo, estoy en lo de Nicholas. Joseph, hablaremos más tarde- Dijo mi consolador saliendo del living.
Joe y yo nos miramos por un momento. Tenía ganas de gritarle de todo, de matarlo. No entiendo cómo pudo ser tan basura, o al menos así se comportó. Pero al mismo tiempo tengo unas ganas de besarlo, de capturar esos labios carnosos por un instante, aunque sea uno.
Capítulo VIII.
Nos quedamos petrificados mirándonos a los ojos, hasta que en el silencio que había, una palabra se escapó de mi boca; te amo.
_ Yo… yo… no quise decir eso –Tartamudeé sonrojada- lo siento…
_ Eve… ¿Qué te pasa conmigo? –Preguntó sentándose con sus piernas cruzadas y dirigiéndome una mirada comprensiva.
Me refugié en sus ojos por un momento; al menos así me sentía bien, pero mientras tanto, tengo que pensar una excusa para poder salvarme.
_ No… no me pasa nada –Pronuncié cabizbaja.
_ ¿Segura? Porque, por momentos me parece como si gustaras de mi… -Dijo sonriendo. Algún día va a matarme con esa sonrisa. Pero no puedo decirle que me gusta, tal vez el está enamorado de alguna chica de la escuela, o no le gusto. No quiero arruinar nuestra preciosa amistad.
_ Bueno, ya esta –Dije para zafar de esa situación incómoda- creo que será mejor que me vaya a dormir –Acoté poniéndome de pie, mi cama me espera.
_ Hasta mañana –Me saludó con un beso en la mejilla, acto seguido de un abrazo. ¿Por qué Joe esta tan cariñoso conmigo? Debe ser que se dio cuenta de que me gusta, dios, que confundida estoy. Prefiero ir a consultar mis locas ideas con la almohada, después de todo, es mi fiel consejera. Abrí la puerta de mi pieza sin registrar que un chico de rulos se encontraba recostado en mi cama.
_ Hola –Sonó muy tranquilo, pero pegué un grito ya que no sabía de su presencia- No te asustes, no vengo a matarte –Musitó mientras yo tomaba asiento a su lado.
_ Nicholas, ¿No tendrías que estar con Antonella? Quiero dormir, lárgate –Bromeé- ¿Necesitabas algo?
_ Si, tu sabes que ni bien empiecen las clases nuevamente, vendrá el gran baile de graduación, y los grados más chicos también deben ir… -Comenzó, estaba medio nervioso.
_ Si, lo sabía, ¿Pero, que es lo que te preocupa? –Pregunté buscando su mirada, creo que de nervioso paso a estar avergonzado.
_ No sé bailar –Informó con un leve tono rosado en sus cachetes- Y quería saber si tú me podías enseñar…
_ ¡Claro! –Acepté entusiasmada- pero ahora quiero dormir, asique mañana me deshago de Joe y vos de Anto y te enseño, ¿sí? –Propuse mientras tomaba mi pijama dispuesta a cambiarme- ¿No esperaras que me cambie enfrente tuyo verdad? –Cuestioné viendo que mi cuñadito no se largaba. Se levantó, me deseó buenas noches y se marchó. Tanto desee estar en la cama, ahora lo estoy. Pero no conseguí el sueño gracias a que todavía estoy pensando en el, en el chico del cuarto de al lado, en Joe. No puedo creer que sea tan maravilloso, tan lindo, tan bueno, tan… es increíble. Opté por prender un poco mi velador, me senté en la cama y saqué de mi mesita de luz, una carta que Joseph me escribió cuando teníamos 7 años. Cada vez que la leo mis ojos se llenan de lágrimas, era una carta de amor, una hermosa carta de amor. Comencé a leerla, a recordar todos los momentos que pasamos juntos, y no pude evitar que se derramen mis lágrimas. De hecho, hasta sollocé por un rato, ¿Por qué no podemos estar juntos? ¿Por qué no me dejo que estemos juntos? ¿¡Por qué me lo impido!?
De repente, la puerta de mi habitación se abrió. Seque rápidamente mi rostro y prendí aún más mi velador para ver de quien se trataba.
_ Eve… necesito decirte algo que te tendría que a ver dicho hace mucho –Comentó preocupado, tomando asiento a la altura de mis rodillas. Creo que este es el momento indicado como para decirle lo que siento por él.
_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo…
Nos quedamos petrificados mirándonos a los ojos, hasta que en el silencio que había, una palabra se escapó de mi boca; te amo.
_ Yo… yo… no quise decir eso –Tartamudeé sonrojada- lo siento…
_ Eve… ¿Qué te pasa conmigo? –Preguntó sentándose con sus piernas cruzadas y dirigiéndome una mirada comprensiva.
Me refugié en sus ojos por un momento; al menos así me sentía bien, pero mientras tanto, tengo que pensar una excusa para poder salvarme.
_ No… no me pasa nada –Pronuncié cabizbaja.
_ ¿Segura? Porque, por momentos me parece como si gustaras de mi… -Dijo sonriendo. Algún día va a matarme con esa sonrisa. Pero no puedo decirle que me gusta, tal vez el está enamorado de alguna chica de la escuela, o no le gusto. No quiero arruinar nuestra preciosa amistad.
_ Bueno, ya esta –Dije para zafar de esa situación incómoda- creo que será mejor que me vaya a dormir –Acoté poniéndome de pie, mi cama me espera.
_ Hasta mañana –Me saludó con un beso en la mejilla, acto seguido de un abrazo. ¿Por qué Joe esta tan cariñoso conmigo? Debe ser que se dio cuenta de que me gusta, dios, que confundida estoy. Prefiero ir a consultar mis locas ideas con la almohada, después de todo, es mi fiel consejera. Abrí la puerta de mi pieza sin registrar que un chico de rulos se encontraba recostado en mi cama.
_ Hola –Sonó muy tranquilo, pero pegué un grito ya que no sabía de su presencia- No te asustes, no vengo a matarte –Musitó mientras yo tomaba asiento a su lado.
_ Nicholas, ¿No tendrías que estar con Antonella? Quiero dormir, lárgate –Bromeé- ¿Necesitabas algo?
_ Si, tu sabes que ni bien empiecen las clases nuevamente, vendrá el gran baile de graduación, y los grados más chicos también deben ir… -Comenzó, estaba medio nervioso.
_ Si, lo sabía, ¿Pero, que es lo que te preocupa? –Pregunté buscando su mirada, creo que de nervioso paso a estar avergonzado.
_ No sé bailar –Informó con un leve tono rosado en sus cachetes- Y quería saber si tú me podías enseñar…
_ ¡Claro! –Acepté entusiasmada- pero ahora quiero dormir, asique mañana me deshago de Joe y vos de Anto y te enseño, ¿sí? –Propuse mientras tomaba mi pijama dispuesta a cambiarme- ¿No esperaras que me cambie enfrente tuyo verdad? –Cuestioné viendo que mi cuñadito no se largaba. Se levantó, me deseó buenas noches y se marchó. Tanto desee estar en la cama, ahora lo estoy. Pero no conseguí el sueño gracias a que todavía estoy pensando en el, en el chico del cuarto de al lado, en Joe. No puedo creer que sea tan maravilloso, tan lindo, tan bueno, tan… es increíble. Opté por prender un poco mi velador, me senté en la cama y saqué de mi mesita de luz, una carta que Joseph me escribió cuando teníamos 7 años. Cada vez que la leo mis ojos se llenan de lágrimas, era una carta de amor, una hermosa carta de amor. Comencé a leerla, a recordar todos los momentos que pasamos juntos, y no pude evitar que se derramen mis lágrimas. De hecho, hasta sollocé por un rato, ¿Por qué no podemos estar juntos? ¿Por qué no me dejo que estemos juntos? ¿¡Por qué me lo impido!?
De repente, la puerta de mi habitación se abrió. Seque rápidamente mi rostro y prendí aún más mi velador para ver de quien se trataba.
_ Eve… necesito decirte algo que te tendría que a ver dicho hace mucho –Comentó preocupado, tomando asiento a la altura de mis rodillas. Creo que este es el momento indicado como para decirle lo que siento por él.
_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo…
Capítulo VII.
_ No gracias, voy a ir a la casa de Lesly –Rechazó mi oferta. Lo mire rara, no sé quién es ese- Es un amigo…-Repuso notando como mis ojos se clavaban en el.
_ Está bien. ¿Vos me acompañas Joe? –Pregunté tomando las llaves que Kevin me alcanzó antes de marcharse a su cuarto para alistar sus cosas, según informó.
_ Claro, pero espera –Dijo corriendo hacia el refrigerador, tomó una botella de agua, la sirvió en un vaso y se encaminó hacía el living- Nicholas todavía no despertó, vamos a tener que pasar a otras medidas.
_ Hombre, estás loco, Nick ya despertó, déjalo en paz –Musité intentando quitarle ‘’su arma’’.
_ Entonces… ¡toma esto! –Exclamó echándome el agua en la cara. Ya se paso de tarado, voy a matarlo. Comencé a pensar una venganza, pero nada pasaba por mi mente. Cuando quise acordar, Joe ya venía del baño con una toalla. Me la acercó al rostro, pero como no lo registre, la dejo en la mesada y se paró en frente mío.
_ Perdón –Dijo conteniendo su risa- ¿Vamos al shopping? –Cuestionó calmado.
Asentí con la cabeza y tomé la toalla. Luego de usarla, partimos al indicado lugar. Fuimos charlando animadamente hasta llegar al enorme centro comercial. Y no exagero cuando digo enorme, creo que tiene cuatro o cinco pisos, miles de negocios, es increíble.
_ Bueno, ahora tenemos que hacer una primera parada –Informó mi amigo dirigiéndose a un puesto de helados. Sabía lo que venía, Joseph es muy predecible.
Se acercó hasta el negocio y lo vi venir con dos conos, guau, que glotón. Aunque debo admitir, que con el calor que hace, muero por un helado.
_ Toma –Pronunció dándome uno de sus dos helados, justo de mis sabores favoritos; chocolate y Tiramisú.
_ Gracias, ¿Cuánto te debo? –Inquirí sacando unos billetes suelto de mi bolsillo.
_ Nada, nada, yo invito –Respondió con aires ganadores.
Pasamos una linda tarde, me acompañó a todas las tiendas, compramos ropa para ambos, comimos nuevamente patys, va, el los comió, porque ya tenía hambre nuevamente.
A eso de las ocho de la noche volvimos a su casa y nos encontramos con sus padres y Frankie.
_ Hola chicos, ¿Dónde estaban? –Alertó Denisse ni bien ingresamos al hogar.
_ Fuimos al shopping –Musité rápidamente mientras saludaba a Kevin padre, quien estaba sentado en la punta de la mesa. Del otro lado, estaban Kevin y Frankie enfrentados a Nick y Anto. La mesa estaba puesta, supongo que nos estaban esperando para comer. Y así era, nos invitaron a cenar con ellos pero rechazamos amablemente la invitación, optando irnos a mi cuarto a mirar televisión, ya que el había comido los ya mencionados patys en el centro comercial y yo, por mi parte, no tenía hambre.
Al ingresar en mi habitación, deposité las bolsas junto a mi ropero y me tiré en mi cama, estaba muy cansada, y bueno… ¿Quién no estaría cansado de recorrer un shopping de cuatro pisos, y encima que tu acompañante hable sin parar? El imitó mi acto y también se recostó sobre el suave acolchado. Nos quedamos petrificados mirándonos a los ojos, hasta que en el silencio que había, una palabra se escapó de mi boca; te amo.
_ No gracias, voy a ir a la casa de Lesly –Rechazó mi oferta. Lo mire rara, no sé quién es ese- Es un amigo…-Repuso notando como mis ojos se clavaban en el.
_ Está bien. ¿Vos me acompañas Joe? –Pregunté tomando las llaves que Kevin me alcanzó antes de marcharse a su cuarto para alistar sus cosas, según informó.
_ Claro, pero espera –Dijo corriendo hacia el refrigerador, tomó una botella de agua, la sirvió en un vaso y se encaminó hacía el living- Nicholas todavía no despertó, vamos a tener que pasar a otras medidas.
_ Hombre, estás loco, Nick ya despertó, déjalo en paz –Musité intentando quitarle ‘’su arma’’.
_ Entonces… ¡toma esto! –Exclamó echándome el agua en la cara. Ya se paso de tarado, voy a matarlo. Comencé a pensar una venganza, pero nada pasaba por mi mente. Cuando quise acordar, Joe ya venía del baño con una toalla. Me la acercó al rostro, pero como no lo registre, la dejo en la mesada y se paró en frente mío.
_ Perdón –Dijo conteniendo su risa- ¿Vamos al shopping? –Cuestionó calmado.
Asentí con la cabeza y tomé la toalla. Luego de usarla, partimos al indicado lugar. Fuimos charlando animadamente hasta llegar al enorme centro comercial. Y no exagero cuando digo enorme, creo que tiene cuatro o cinco pisos, miles de negocios, es increíble.
_ Bueno, ahora tenemos que hacer una primera parada –Informó mi amigo dirigiéndose a un puesto de helados. Sabía lo que venía, Joseph es muy predecible.
Se acercó hasta el negocio y lo vi venir con dos conos, guau, que glotón. Aunque debo admitir, que con el calor que hace, muero por un helado.
_ Toma –Pronunció dándome uno de sus dos helados, justo de mis sabores favoritos; chocolate y Tiramisú.
_ Gracias, ¿Cuánto te debo? –Inquirí sacando unos billetes suelto de mi bolsillo.
_ Nada, nada, yo invito –Respondió con aires ganadores.
Pasamos una linda tarde, me acompañó a todas las tiendas, compramos ropa para ambos, comimos nuevamente patys, va, el los comió, porque ya tenía hambre nuevamente.
A eso de las ocho de la noche volvimos a su casa y nos encontramos con sus padres y Frankie.
_ Hola chicos, ¿Dónde estaban? –Alertó Denisse ni bien ingresamos al hogar.
_ Fuimos al shopping –Musité rápidamente mientras saludaba a Kevin padre, quien estaba sentado en la punta de la mesa. Del otro lado, estaban Kevin y Frankie enfrentados a Nick y Anto. La mesa estaba puesta, supongo que nos estaban esperando para comer. Y así era, nos invitaron a cenar con ellos pero rechazamos amablemente la invitación, optando irnos a mi cuarto a mirar televisión, ya que el había comido los ya mencionados patys en el centro comercial y yo, por mi parte, no tenía hambre.
Al ingresar en mi habitación, deposité las bolsas junto a mi ropero y me tiré en mi cama, estaba muy cansada, y bueno… ¿Quién no estaría cansado de recorrer un shopping de cuatro pisos, y encima que tu acompañante hable sin parar? El imitó mi acto y también se recostó sobre el suave acolchado. Nos quedamos petrificados mirándonos a los ojos, hasta que en el silencio que había, una palabra se escapó de mi boca; te amo.
Capítulo V.
Me levanté rápidamente de mi asiento y me acerqué a ella. Conversamos un rato, fue bastante simpática hasta que los tres hermanos informaron que saldrían a comprar algo para almorzar más tarde.
Con los chicos de compras, nosotras volvimos a tomar asiento en la mesa, acompañadas por Stacy.
_ Y... ¿Cómo se conocieron tu y Kevin? -Pregunté dándole un mordisco a las tostadas que Joe había preparado antes de irse, un poco quemadas por cierto.
_ Nos conocimos porque yo soy la mejor amiga de su mejor amigo... -Respondió entre risas- Me enteré que una tal Anto salé con Nick -Acotó con rabia.
_ Sí, yo -Dijo mi hermana con un tono bastante orgulloso- ¿Tenés algún problema? -Preguntó superando el enojo de su ahora rival, se les notaba en la mirada.
_ Escucha algo -Musitó la rubia poniéndose de pie- más te vale que lo dejes en paz, ¡la única que puede salir con Nicholas soy yo!
Quedé en shock frente a esta confesión. ¿Ella sale con Kevin para acercarse a Nick? ¿O solo esta celosa porque Nick es su ex? Dios, no entiendo nada, pero no puedo dejar que le hable así a Antonella.
_ Mira: vos no sos nadie para hablarle así a mi hermana, ¿Entendiste idiota? -Musité levantándome y parándome enfrente de ella. Pero... vino algo que realmente no me lo espera; una cachetada.
_ ¿Acaso estás loca? -Escuché decir detrás de mí. Me di vuelta con miedo a lo que pueda venir. Y los vi... a los tres... confundidos, asombrados... pero también al borde de la risa.
_ ¿Qué es esto? -Cuestionó Kevin desconcertado al ver que minutos antes yo también le devolvía la cachetada que Stacy me regaló.
_ Nick -Susurró Stacy acercándose a él seductoramente, aunque debo aclarar que al ver que el solicitado se echaba para atrás apresuro su paso para luego capturarlo en un beso.
_ ¡Nicholas! -Exclamó Anto al ver como él hacía lo imposible para separarse pero ella lo acorralaba aún más. Joe y Kevin alzaron a Stacy quien empezó a patalear pidiendo que la bajen, y con sus uñas extremadamente cuidadas arañaba todo lo que podía, entre ello, a la cara de mi pobre amigo, Joe.
Los dos hermanos mayores echaron a la bruja de la casa mientras yo no hacía nada más que escuchar la discusión que entablaban mi cuñado y mi hermana.
_ ¿¡Porque no te soltaste!? -Gritaba ella demasiado enfadada.
_ No podía ¡No podía! -Gritaba él a su par.
De repente sentí como mi ''cachete'' decía presente. El pobre se había quedado dormido gracias al golpe con fuerza sobre natural que recibí hace un rato. Opté por alejarme de la pelea y me dirigí hacía el amplio y lindo jardín de la casa, justo detrás de esta.
Estuve un buen rato allí contemplando el cielo sentada en una de las hamacas, hasta que alguien interrumpió mi pacifico momento.
_ ¿Te duele mucho? –Me preguntó Joe, al ver que yo seguía tocándome la mejilla inconscientemente.
_ No, no es nada –Respondí restándole importancia e invitándolo a sentarse en la hamaca que se encuentra junto a la mía. Me hizo caso y tomó asiento.
_ ¿Y a vos te duele? –Pregunté al ver que la loquita le había hecho un pequeño tajo en la cara gracias a sus uñas.
_ Mmm… estoy en busca de una enfermera que me cure –Susurró un poco sonrojado pero en un tono bastante picarón.
_ ¡Te escuche! –Informé mientras soltábamos largas risas- Te juego una carrera de hamacas y después te curo la cara… ¿Qué decís? –Propuse preparándome para despegar, y ganarle, como siempre.
_ Acepto –Dijo y comenzó a hamacarse.
Estuvimos un rato más disfrutando del aire libre. No estoy enamorada de Joe pero… cuando estoy con él, me aislo del mundo, no queda nada más que nosotros dos.
En fin, fuimos hasta el baño del primer piso y buscamos un botiquín. Luego nos marchamos a su habitación, donde saqué un pedacito de gaza y le eche alcohol. Se sentó en la cama y me acerqué con una mirada asesina. Empecé a sacarle la lengua y como él se distrajo, le puse de golpe el pedazo de gaza en la lastimadura.
Me levanté rápidamente de mi asiento y me acerqué a ella. Conversamos un rato, fue bastante simpática hasta que los tres hermanos informaron que saldrían a comprar algo para almorzar más tarde.
Con los chicos de compras, nosotras volvimos a tomar asiento en la mesa, acompañadas por Stacy.
_ Y... ¿Cómo se conocieron tu y Kevin? -Pregunté dándole un mordisco a las tostadas que Joe había preparado antes de irse, un poco quemadas por cierto.
_ Nos conocimos porque yo soy la mejor amiga de su mejor amigo... -Respondió entre risas- Me enteré que una tal Anto salé con Nick -Acotó con rabia.
_ Sí, yo -Dijo mi hermana con un tono bastante orgulloso- ¿Tenés algún problema? -Preguntó superando el enojo de su ahora rival, se les notaba en la mirada.
_ Escucha algo -Musitó la rubia poniéndose de pie- más te vale que lo dejes en paz, ¡la única que puede salir con Nicholas soy yo!
Quedé en shock frente a esta confesión. ¿Ella sale con Kevin para acercarse a Nick? ¿O solo esta celosa porque Nick es su ex? Dios, no entiendo nada, pero no puedo dejar que le hable así a Antonella.
_ Mira: vos no sos nadie para hablarle así a mi hermana, ¿Entendiste idiota? -Musité levantándome y parándome enfrente de ella. Pero... vino algo que realmente no me lo espera; una cachetada.
_ ¿Acaso estás loca? -Escuché decir detrás de mí. Me di vuelta con miedo a lo que pueda venir. Y los vi... a los tres... confundidos, asombrados... pero también al borde de la risa.
_ ¿Qué es esto? -Cuestionó Kevin desconcertado al ver que minutos antes yo también le devolvía la cachetada que Stacy me regaló.
_ Nick -Susurró Stacy acercándose a él seductoramente, aunque debo aclarar que al ver que el solicitado se echaba para atrás apresuro su paso para luego capturarlo en un beso.
_ ¡Nicholas! -Exclamó Anto al ver como él hacía lo imposible para separarse pero ella lo acorralaba aún más. Joe y Kevin alzaron a Stacy quien empezó a patalear pidiendo que la bajen, y con sus uñas extremadamente cuidadas arañaba todo lo que podía, entre ello, a la cara de mi pobre amigo, Joe.
Los dos hermanos mayores echaron a la bruja de la casa mientras yo no hacía nada más que escuchar la discusión que entablaban mi cuñado y mi hermana.
_ ¿¡Porque no te soltaste!? -Gritaba ella demasiado enfadada.
_ No podía ¡No podía! -Gritaba él a su par.
De repente sentí como mi ''cachete'' decía presente. El pobre se había quedado dormido gracias al golpe con fuerza sobre natural que recibí hace un rato. Opté por alejarme de la pelea y me dirigí hacía el amplio y lindo jardín de la casa, justo detrás de esta.
Estuve un buen rato allí contemplando el cielo sentada en una de las hamacas, hasta que alguien interrumpió mi pacifico momento.
_ ¿Te duele mucho? –Me preguntó Joe, al ver que yo seguía tocándome la mejilla inconscientemente.
_ No, no es nada –Respondí restándole importancia e invitándolo a sentarse en la hamaca que se encuentra junto a la mía. Me hizo caso y tomó asiento.
_ ¿Y a vos te duele? –Pregunté al ver que la loquita le había hecho un pequeño tajo en la cara gracias a sus uñas.
_ Mmm… estoy en busca de una enfermera que me cure –Susurró un poco sonrojado pero en un tono bastante picarón.
_ ¡Te escuche! –Informé mientras soltábamos largas risas- Te juego una carrera de hamacas y después te curo la cara… ¿Qué decís? –Propuse preparándome para despegar, y ganarle, como siempre.
_ Acepto –Dijo y comenzó a hamacarse.
Estuvimos un rato más disfrutando del aire libre. No estoy enamorada de Joe pero… cuando estoy con él, me aislo del mundo, no queda nada más que nosotros dos.
En fin, fuimos hasta el baño del primer piso y buscamos un botiquín. Luego nos marchamos a su habitación, donde saqué un pedacito de gaza y le eche alcohol. Se sentó en la cama y me acerqué con una mirada asesina. Empecé a sacarle la lengua y como él se distrajo, le puse de golpe el pedazo de gaza en la lastimadura.
Capítulo IV.
_ Cambié de canal –Dije para ''romper el hielo''.
_ ¿Queres pochoclos? –Preguntó amablemente, dejando a un lado el bostezo que había pegado hace un rato.
_ Tenes sueño, anda a acostarte -Le ordené. Se lo veía cansado y ya casi eran las dos de la mañana. Supuse que los demás integrantes de la familia no volverían hasta mañana, asique subí las escaleras en busca de lo que sería mi habitación, pero pase por una puerta, la cual se encontraba entre abierta. Ingresé con temor al cuarto, solo por curiosidad. De a poco encendí el velador y vi en la cama a mi mejor amigo, profundamente dormido. Me alegré al saber que por lo menos se a donde ir por cualquier emergencia, después de todo, esta era la primera vez que me invitan a pasar las vacaciones aquí.
Fui a mi pieza, me puse mi pijama y me acosté dejando caer mi pesado cuerpo en las sabanas frías. Al otro día me despertó un sonido muy familiar, ¡Claro! ¿Cómo olvidar la guitarra de Nick y sus hermosos versos? Me di una ducha rápida y me vestí bastante cómoda; mi chupín negro favorito, mis converses negras y una remera en tono amarillo estampada que Joe me regalo una vez que fuimos de shopping juntos. El sonido de la guitarra de mi ‘’cuñadito’’ me llevo hasta su habitación, abrí la puerta con una sonrisa y allí se encontraba, con una enorme gesto de felicidad.
_ ¿A qué se debe que estés tan feliz? –Pregunté sacándole la guitarra de las manos para que dejara de tocar.
_ Le pedí matrimonio a Anto –Susurro poniéndose de pie.
_ ¿¡Que!? –Musité sorprendida y confundida.
_ Es mentira tonta –Dijo tranquilo. Que ganas de matarlo… casi muero de un infarto- ¿Desayunamos juntos? –Propuso guardando su instrumento musical y esbozando una preciosa sonrisa.
_ Despertaré a Joe –Respondí imitando su gesto y encaminándome hacía la habitación de este.
_ Yo despierto a Anto –Lo escuché decir antes de que salga de su cuarto.
Logrando mi cometido, desperté a mi amigo acariciando dulcemente su cabello oscuro. Disfrutamos de un desayuno los cuatro juntos, pero no duró mucho ya que media hora más tarde de avernos sentado en la mesa, y algunos todavía llevaban puestos los pijamas, vimos entrar por la puerta principal a Kevin acompañado de una chica.
_ Buenos días –Musitó alegremente el hermano mayor- Chicas…ella es Stacy, mi novia. Stacy, ella es Evelyn –Me señaló- y ella es Antonella –Finalizó señalando a mi hermana.
Me levanté rápidamente de mi asiento y me acerqué a ella. Conversamos un rato, hasta que los tres hermanos informaron que saldrían a comprar algo para almorzar más tarde.
_ Cambié de canal –Dije para ''romper el hielo''.
_ ¿Queres pochoclos? –Preguntó amablemente, dejando a un lado el bostezo que había pegado hace un rato.
_ Tenes sueño, anda a acostarte -Le ordené. Se lo veía cansado y ya casi eran las dos de la mañana. Supuse que los demás integrantes de la familia no volverían hasta mañana, asique subí las escaleras en busca de lo que sería mi habitación, pero pase por una puerta, la cual se encontraba entre abierta. Ingresé con temor al cuarto, solo por curiosidad. De a poco encendí el velador y vi en la cama a mi mejor amigo, profundamente dormido. Me alegré al saber que por lo menos se a donde ir por cualquier emergencia, después de todo, esta era la primera vez que me invitan a pasar las vacaciones aquí.
Fui a mi pieza, me puse mi pijama y me acosté dejando caer mi pesado cuerpo en las sabanas frías. Al otro día me despertó un sonido muy familiar, ¡Claro! ¿Cómo olvidar la guitarra de Nick y sus hermosos versos? Me di una ducha rápida y me vestí bastante cómoda; mi chupín negro favorito, mis converses negras y una remera en tono amarillo estampada que Joe me regalo una vez que fuimos de shopping juntos. El sonido de la guitarra de mi ‘’cuñadito’’ me llevo hasta su habitación, abrí la puerta con una sonrisa y allí se encontraba, con una enorme gesto de felicidad.
_ ¿A qué se debe que estés tan feliz? –Pregunté sacándole la guitarra de las manos para que dejara de tocar.
_ Le pedí matrimonio a Anto –Susurro poniéndose de pie.
_ ¿¡Que!? –Musité sorprendida y confundida.
_ Es mentira tonta –Dijo tranquilo. Que ganas de matarlo… casi muero de un infarto- ¿Desayunamos juntos? –Propuso guardando su instrumento musical y esbozando una preciosa sonrisa.
_ Despertaré a Joe –Respondí imitando su gesto y encaminándome hacía la habitación de este.
_ Yo despierto a Anto –Lo escuché decir antes de que salga de su cuarto.
Logrando mi cometido, desperté a mi amigo acariciando dulcemente su cabello oscuro. Disfrutamos de un desayuno los cuatro juntos, pero no duró mucho ya que media hora más tarde de avernos sentado en la mesa, y algunos todavía llevaban puestos los pijamas, vimos entrar por la puerta principal a Kevin acompañado de una chica.
_ Buenos días –Musitó alegremente el hermano mayor- Chicas…ella es Stacy, mi novia. Stacy, ella es Evelyn –Me señaló- y ella es Antonella –Finalizó señalando a mi hermana.
Me levanté rápidamente de mi asiento y me acerqué a ella. Conversamos un rato, hasta que los tres hermanos informaron que saldrían a comprar algo para almorzar más tarde.
martes, 14 de abril de 2009
Capítulo III.
_ ¿Te acuerdas de esta? –Inquirió señalando una foto en la que estábamos abrazados en el jardín de mi casa- Es preciosa –Acotó.
Me ruboricé un poco, pero luego largamos algunas carcajadas al recordar todas las fotos que había en el álbum, hasta que su hermano entro en mi habitación.
_ Hola Eve -Dijo dándome un beso en la mejilla, el cual respondí con un abrazo.
_ ¿Qué pasa? -Interrumpió Joe poniéndose de pie y dejando el libro de fotos en mi mesita de luz.
_ Ya están todos en la camioneta, los vine a buscar -Informó levantando mi pesado bolso. Me parece que a el no le resultó tan pesado ya que lo levantó sin problemas, y hasta tuvo fuerzas para pegarle a Joe en la cabeza, algo muy común entre ellos. Después de despedirme de mi papá y mi mamá con un gran abrazo, emprendimos nuestro viaje, el cual, por suerte, duraba 3 horas. Y agradezco que dure 3 horas porque el año pasado Joe me invito a un campamento, y tuvimos que viajar 10 horas.
Pasó una hora de viaje y mi mejor amigo ya dormía recostado en mi hombro, Nicholas y Antonella disfrutaba de música en sus Ipod, y Kevin y yo mirábamos por la ventanilla mientras Kevin padre manejaba y Frankie intentaba despertar a Joe.
_ Frankie... Frankie -Le susurré al pequeño- No lo molestes... si no se va a despertar de mal humor...
_ No lo molestaré con una condición -Informó cruzándose de brazos y acercándose a mí.
_ ¿Qué condición? -Pregunté riendo al ver su mirada pícara.
_ Esto -Dijo señalando su cachete... ¡Este demonio siempre me hace lo mismo! Decidí seguirle el juego y besé rápidamente su mejilla.
_ Si Luz se entera que te besé me matara -Musité haciéndome la sorprendida y la preocupada. Ambos reímos y volvimos a lo que estábamos haciendo antes. Finalmente, me quedé dormida apoyándome en Joe. De repente desperté en una habitación. Supuse que aviamos llegado a la casa de mi amigo, ya que él y su familia poseían una a la cual iban a vacacionar. Mire hacia todos lados y no encontré a nadie, asique opté por bajar las escaleras que encontré ni bien salí de la pieza. Al llegar al living, divisé a Nick mirando la televisión y no dudé en acercarme a él.
_ ¿Dónde están todos? –Le pregunté tomando asiento a su lado.
_ Joe y Antonella están durmiendo, Kevin se fue a la casa de un amigo y mamá y papá salieron con Frankie –Dijo despegando los ojos del televisor y acomodándose la manta que tenia encima.
_ Ah, bueno, ¿Qué miras? –Interrogué estirando la manta para así poderme tapar yo también.
_ Algo que encontré por ahí, es un programa de chismes, no me interesa –Respondió disimulando que en realidad si le gustan estas cosas, lo conozco desde que nació, es como el hermano menor que no tengo.
_ Oh, sí, claro… ¡Vamos Nick! No te hagas el adulto conmigo –Bromeé. Iba a contestarme pero desvió su mirada por detrás de mi hombro, y soltó una pequeña risa, para luego traerme hacia él y darme vuelta para que mire las escaleras. No pude evitar reírme; ¿Acaso Joe es sonámbulo?
_ Tu hermano… ¿Es sonámbulo? –Cuestioné en un intento por mantener mi risa callada para no despertar a mi amigo.
_ No siempre, hay días que duerme bien, otras se levanta, o algunos ni siquiera duerme –Informó poniéndose de pie y conduciendo a Joe hacia su habitación nuevamente. Al cabo de un rato, mi acompañante volvió llevando solamente puesto sus shorts. Notó mi mirada, asique se aventuró a sonreír y taparse rápidamente con la sabana.
_ Cambié de canal –Dije para ''romper el hielo''.
_ ¿Querés pochoclos? –Preguntó amablemente, dejando a un lado el bostezo que había pegado hace un rato.
_ ¿Te acuerdas de esta? –Inquirió señalando una foto en la que estábamos abrazados en el jardín de mi casa- Es preciosa –Acotó.
Me ruboricé un poco, pero luego largamos algunas carcajadas al recordar todas las fotos que había en el álbum, hasta que su hermano entro en mi habitación.
_ Hola Eve -Dijo dándome un beso en la mejilla, el cual respondí con un abrazo.
_ ¿Qué pasa? -Interrumpió Joe poniéndose de pie y dejando el libro de fotos en mi mesita de luz.
_ Ya están todos en la camioneta, los vine a buscar -Informó levantando mi pesado bolso. Me parece que a el no le resultó tan pesado ya que lo levantó sin problemas, y hasta tuvo fuerzas para pegarle a Joe en la cabeza, algo muy común entre ellos. Después de despedirme de mi papá y mi mamá con un gran abrazo, emprendimos nuestro viaje, el cual, por suerte, duraba 3 horas. Y agradezco que dure 3 horas porque el año pasado Joe me invito a un campamento, y tuvimos que viajar 10 horas.
Pasó una hora de viaje y mi mejor amigo ya dormía recostado en mi hombro, Nicholas y Antonella disfrutaba de música en sus Ipod, y Kevin y yo mirábamos por la ventanilla mientras Kevin padre manejaba y Frankie intentaba despertar a Joe.
_ Frankie... Frankie -Le susurré al pequeño- No lo molestes... si no se va a despertar de mal humor...
_ No lo molestaré con una condición -Informó cruzándose de brazos y acercándose a mí.
_ ¿Qué condición? -Pregunté riendo al ver su mirada pícara.
_ Esto -Dijo señalando su cachete... ¡Este demonio siempre me hace lo mismo! Decidí seguirle el juego y besé rápidamente su mejilla.
_ Si Luz se entera que te besé me matara -Musité haciéndome la sorprendida y la preocupada. Ambos reímos y volvimos a lo que estábamos haciendo antes. Finalmente, me quedé dormida apoyándome en Joe. De repente desperté en una habitación. Supuse que aviamos llegado a la casa de mi amigo, ya que él y su familia poseían una a la cual iban a vacacionar. Mire hacia todos lados y no encontré a nadie, asique opté por bajar las escaleras que encontré ni bien salí de la pieza. Al llegar al living, divisé a Nick mirando la televisión y no dudé en acercarme a él.
_ ¿Dónde están todos? –Le pregunté tomando asiento a su lado.
_ Joe y Antonella están durmiendo, Kevin se fue a la casa de un amigo y mamá y papá salieron con Frankie –Dijo despegando los ojos del televisor y acomodándose la manta que tenia encima.
_ Ah, bueno, ¿Qué miras? –Interrogué estirando la manta para así poderme tapar yo también.
_ Algo que encontré por ahí, es un programa de chismes, no me interesa –Respondió disimulando que en realidad si le gustan estas cosas, lo conozco desde que nació, es como el hermano menor que no tengo.
_ Oh, sí, claro… ¡Vamos Nick! No te hagas el adulto conmigo –Bromeé. Iba a contestarme pero desvió su mirada por detrás de mi hombro, y soltó una pequeña risa, para luego traerme hacia él y darme vuelta para que mire las escaleras. No pude evitar reírme; ¿Acaso Joe es sonámbulo?
_ Tu hermano… ¿Es sonámbulo? –Cuestioné en un intento por mantener mi risa callada para no despertar a mi amigo.
_ No siempre, hay días que duerme bien, otras se levanta, o algunos ni siquiera duerme –Informó poniéndose de pie y conduciendo a Joe hacia su habitación nuevamente. Al cabo de un rato, mi acompañante volvió llevando solamente puesto sus shorts. Notó mi mirada, asique se aventuró a sonreír y taparse rápidamente con la sabana.
_ Cambié de canal –Dije para ''romper el hielo''.
_ ¿Querés pochoclos? –Preguntó amablemente, dejando a un lado el bostezo que había pegado hace un rato.
Capítulo II.
_ ¡Son novios hace tres días! -La interrumpí. Joe me lo contó, estaba esperando que ella lo haga.
_ ¿Cómo lo sabes? -Preguntó arqueando una ceja.
Pasamos largo tiempo charlando de Nick... de Joe... de Frankie... cuya relación con mi hermanita va bastante bien. Da mucha gracia verlos tomados de la mano en la calle.
Logré mi cometido, me puse el pijama y me acosté.
Al otro día me despertaron suaves caricias en mi rostro. Abrí los ojos y estaba... ¡Joe! Hábilmente me separé de él y refregué una y dos veces mi rostro gritando ''¿¡Joe, qué haces aquí!?'', hasta que la dulce vos de mi madre se comenzó a escuchar más cerca, al parecer, ingresó en mi habitación al escuchar los gritos.
_ ¿Qué pasa hija? ¿No te agradan las visitas? -Interrogó tomando por los hombros a mi amigo.
Resulta que mi madre se encargó de avisarles a él, a sus hermanos y a sus padres de que pasaríamos las vacaciones con ellos. Y Joe vino a despertarme.
_ Buenos días -Pronunció el chico viendo que mi madre se retiraba de la habitación.
_ Buenos días -Repuse- ¿Ya debemos irnos?
_ Así es. Eres la única en pijama, excepto Kevin que está durmiendo en la camioneta -Rió- Báñate, te esperare aquí.
_ Si -Sonreí y le deposité en su mejilla, un cálido beso. Agarré mi ropa y me metí en el baño con el objetivo de darme una ducha rápida. Logrado mi cometido, salí ya vestida y divisé a Joe leyendo mi libro de fotos de cuando éramos bebes.
_ ¿Te acuerdas de esta? –Inquirió señalando una foto en la que estábamos abrazados en el jardín de mi casa- Es preciosa –Acotó.
_ ¡Son novios hace tres días! -La interrumpí. Joe me lo contó, estaba esperando que ella lo haga.
_ ¿Cómo lo sabes? -Preguntó arqueando una ceja.
Pasamos largo tiempo charlando de Nick... de Joe... de Frankie... cuya relación con mi hermanita va bastante bien. Da mucha gracia verlos tomados de la mano en la calle.
Logré mi cometido, me puse el pijama y me acosté.
Al otro día me despertaron suaves caricias en mi rostro. Abrí los ojos y estaba... ¡Joe! Hábilmente me separé de él y refregué una y dos veces mi rostro gritando ''¿¡Joe, qué haces aquí!?'', hasta que la dulce vos de mi madre se comenzó a escuchar más cerca, al parecer, ingresó en mi habitación al escuchar los gritos.
_ ¿Qué pasa hija? ¿No te agradan las visitas? -Interrogó tomando por los hombros a mi amigo.
Resulta que mi madre se encargó de avisarles a él, a sus hermanos y a sus padres de que pasaríamos las vacaciones con ellos. Y Joe vino a despertarme.
_ Buenos días -Pronunció el chico viendo que mi madre se retiraba de la habitación.
_ Buenos días -Repuse- ¿Ya debemos irnos?
_ Así es. Eres la única en pijama, excepto Kevin que está durmiendo en la camioneta -Rió- Báñate, te esperare aquí.
_ Si -Sonreí y le deposité en su mejilla, un cálido beso. Agarré mi ropa y me metí en el baño con el objetivo de darme una ducha rápida. Logrado mi cometido, salí ya vestida y divisé a Joe leyendo mi libro de fotos de cuando éramos bebes.
_ ¿Te acuerdas de esta? –Inquirió señalando una foto en la que estábamos abrazados en el jardín de mi casa- Es preciosa –Acotó.
Capítulo I.
Viernes aburridísimo junto a mi hermana.
No encontrábamos nada que hacer, que mirar en tv, que escuchar... no era uno de los viernes en los que solíamos salir con amigos. En este caso, terminaron las clases, nuestros mejores amigos están de vacaciones no muy lejos de aquí, pero aún así, aunque podamos vernos, no los separaríamos de su familia.
Casi llegando al borde del aburrimiento, y con nuestro padres y hermanita menor de compras, decidimos jugar uno de mis juegos favoritos, el ''Monopoly''. En medio del partido, sonó mi celular. Lo tomé y observé fijamente la pantalla, mi mejor amigo llamaba.
_ Hola Joe, ¿Cómo la están pasando? -Lo saludé sin dejar de mover mis fichas y billetes.
_ Bien... pero... mamá me pregunto si queríamos invitar a alguno de nuestros amigos, hay tres habitaciones libres y no dudé en llamarte a ti, ¿Aceptas? -Preguntó. Era muy tierno de su parte tenerme en cuenta, pero no tengo el permiso de mis papás, asique le diré que mañana por la mañana lo llamó y confirmo.
_ Mis padres están de compras, cuando llegan les aviso y... te llamo mañana ¿sí? -Sugerí parándome y saliendo al pequeño jardín que poseemos detrás de mi casa.
_ Muy bien, y dice Nick que traigas a Antonella -Dijo haciendo referencia a su hermano y a la mía.
_ Claro, si quiere, la llevó. Tengo que colgar, estoy en medio de un partido de Monopoly, y no voy muy bien -Informé entre risas.
_ Está bien, nos vemos -Saludó.
Guardé el teléfono en su base para que siga cargándose. Después de ser cruelmente derrotada por mi hermana, cenamos algo y mis padres llegaron, trajiendo con ellos a mi hermanita... y a un ¿gatito?
_ ¿Qué es eso? -Dije poniéndome de pie y acercándome a la cosita peludita que Luz, mi hermanita, traía.
_ Se mojó por la lluvia -Informó apenada.
_ Pobrecito... ¿Nos lo vamos a quedar? -Cuestioné teniéndolo en brazos. Era demasiado pequeño y tierno, realmente, hasta me encariñé con el ya.
_ Mm... Está bien -Pronunció mi padre esbozando una sonrisa.
_ ¿Cómo se llamará? -Preguntó mi madre ingresando en la escena.
_ Nick -Susurró Antonella con un leve tono rosado en sus mejillas. Pero no fue la única en ruborizarse, la seguimos Luz, entonando el nombre ''Frankie'' y yo, diciendo ''Joe''.
_ Epa... -Llamó la atención mi papá- esos son los nombres de sus mejores amigos, ¿Qué pasa aquí? -Interrogó con su famoso tono de guardabosques.
Nos pusimos más coloradas de lo que estábamos, realmente lo hicimos sin pensar, al menos eso creo. Luego de una charla animada, y después de ordenar las bolsas con las cosas que compraron, subí a mi cuarto acompañada por Anto. Ingresé en mi habitación buscando mi pijama en una de las cajoneras, tengo que admitir que soy demasiado ordenada, hasta es una obsesión el orden, sobre todo en mi placard.
_ El gato termino llamándose Ethan -Pronuncié largando una carcajada.
_ Tengo que contarte algo -Susurró parándose al lado de la puerta, esperando que ''Ethan'' entre también. Sus patas son cortitas, y se tambalea cuando camina, asique optó por alzarlo y finalmente cerrar la tabla de madera que divide a mi pieza del pasillo. Se sentó en mi cama luego de dejar al pequeñín en la alfombra.
_ ¿Qué pasó? -Pregunté preocupada. Sonrió, lo que hizo que me quede más tranquila.
_ Nick... -Susurró cerrando sus ojos- Nick y yo...
_ ¡Son novios hace tres días! -La interrumpí. Joe me lo contó hace una semana, estaba esperando que ella me lo haga.
Viernes aburridísimo junto a mi hermana.
No encontrábamos nada que hacer, que mirar en tv, que escuchar... no era uno de los viernes en los que solíamos salir con amigos. En este caso, terminaron las clases, nuestros mejores amigos están de vacaciones no muy lejos de aquí, pero aún así, aunque podamos vernos, no los separaríamos de su familia.
Casi llegando al borde del aburrimiento, y con nuestro padres y hermanita menor de compras, decidimos jugar uno de mis juegos favoritos, el ''Monopoly''. En medio del partido, sonó mi celular. Lo tomé y observé fijamente la pantalla, mi mejor amigo llamaba.
_ Hola Joe, ¿Cómo la están pasando? -Lo saludé sin dejar de mover mis fichas y billetes.
_ Bien... pero... mamá me pregunto si queríamos invitar a alguno de nuestros amigos, hay tres habitaciones libres y no dudé en llamarte a ti, ¿Aceptas? -Preguntó. Era muy tierno de su parte tenerme en cuenta, pero no tengo el permiso de mis papás, asique le diré que mañana por la mañana lo llamó y confirmo.
_ Mis padres están de compras, cuando llegan les aviso y... te llamo mañana ¿sí? -Sugerí parándome y saliendo al pequeño jardín que poseemos detrás de mi casa.
_ Muy bien, y dice Nick que traigas a Antonella -Dijo haciendo referencia a su hermano y a la mía.
_ Claro, si quiere, la llevó. Tengo que colgar, estoy en medio de un partido de Monopoly, y no voy muy bien -Informé entre risas.
_ Está bien, nos vemos -Saludó.
Guardé el teléfono en su base para que siga cargándose. Después de ser cruelmente derrotada por mi hermana, cenamos algo y mis padres llegaron, trajiendo con ellos a mi hermanita... y a un ¿gatito?
_ ¿Qué es eso? -Dije poniéndome de pie y acercándome a la cosita peludita que Luz, mi hermanita, traía.
_ Se mojó por la lluvia -Informó apenada.
_ Pobrecito... ¿Nos lo vamos a quedar? -Cuestioné teniéndolo en brazos. Era demasiado pequeño y tierno, realmente, hasta me encariñé con el ya.
_ Mm... Está bien -Pronunció mi padre esbozando una sonrisa.
_ ¿Cómo se llamará? -Preguntó mi madre ingresando en la escena.
_ Nick -Susurró Antonella con un leve tono rosado en sus mejillas. Pero no fue la única en ruborizarse, la seguimos Luz, entonando el nombre ''Frankie'' y yo, diciendo ''Joe''.
_ Epa... -Llamó la atención mi papá- esos son los nombres de sus mejores amigos, ¿Qué pasa aquí? -Interrogó con su famoso tono de guardabosques.
Nos pusimos más coloradas de lo que estábamos, realmente lo hicimos sin pensar, al menos eso creo. Luego de una charla animada, y después de ordenar las bolsas con las cosas que compraron, subí a mi cuarto acompañada por Anto. Ingresé en mi habitación buscando mi pijama en una de las cajoneras, tengo que admitir que soy demasiado ordenada, hasta es una obsesión el orden, sobre todo en mi placard.
_ El gato termino llamándose Ethan -Pronuncié largando una carcajada.
_ Tengo que contarte algo -Susurró parándose al lado de la puerta, esperando que ''Ethan'' entre también. Sus patas son cortitas, y se tambalea cuando camina, asique optó por alzarlo y finalmente cerrar la tabla de madera que divide a mi pieza del pasillo. Se sentó en mi cama luego de dejar al pequeñín en la alfombra.
_ ¿Qué pasó? -Pregunté preocupada. Sonrió, lo que hizo que me quede más tranquila.
_ Nick... -Susurró cerrando sus ojos- Nick y yo...
_ ¡Son novios hace tres días! -La interrumpí. Joe me lo contó hace una semana, estaba esperando que ella me lo haga.
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