viernes, 17 de abril de 2009

Capítulo VIII.

Nos quedamos petrificados mirándonos a los ojos, hasta que en el silencio que había, una palabra se escapó de mi boca; te amo.
_ Yo… yo… no quise decir eso –Tartamudeé sonrojada- lo siento…
_ Eve… ¿Qué te pasa conmigo? –Preguntó sentándose con sus piernas cruzadas y dirigiéndome una mirada comprensiva.
Me refugié en sus ojos por un momento; al menos así me sentía bien, pero mientras tanto, tengo que pensar una excusa para poder salvarme.
_ No… no me pasa nada –Pronuncié cabizbaja.
_ ¿Segura? Porque, por momentos me parece como si gustaras de mi… -Dijo sonriendo. Algún día va a matarme con esa sonrisa. Pero no puedo decirle que me gusta, tal vez el está enamorado de alguna chica de la escuela, o no le gusto. No quiero arruinar nuestra preciosa amistad.
_ Bueno, ya esta –Dije para zafar de esa situación incómoda- creo que será mejor que me vaya a dormir –Acoté poniéndome de pie, mi cama me espera.
_ Hasta mañana –Me saludó con un beso en la mejilla, acto seguido de un abrazo. ¿Por qué Joe esta tan cariñoso conmigo? Debe ser que se dio cuenta de que me gusta, dios, que confundida estoy. Prefiero ir a consultar mis locas ideas con la almohada, después de todo, es mi fiel consejera. Abrí la puerta de mi pieza sin registrar que un chico de rulos se encontraba recostado en mi cama.
_ Hola –Sonó muy tranquilo, pero pegué un grito ya que no sabía de su presencia- No te asustes, no vengo a matarte –Musitó mientras yo tomaba asiento a su lado.
_ Nicholas, ¿No tendrías que estar con Antonella? Quiero dormir, lárgate –Bromeé- ¿Necesitabas algo?
_ Si, tu sabes que ni bien empiecen las clases nuevamente, vendrá el gran baile de graduación, y los grados más chicos también deben ir… -Comenzó, estaba medio nervioso.
_ Si, lo sabía, ¿Pero, que es lo que te preocupa? –Pregunté buscando su mirada, creo que de nervioso paso a estar avergonzado.
_ No sé bailar –Informó con un leve tono rosado en sus cachetes- Y quería saber si tú me podías enseñar…
_ ¡Claro! –Acepté entusiasmada- pero ahora quiero dormir, asique mañana me deshago de Joe y vos de Anto y te enseño, ¿sí? –Propuse mientras tomaba mi pijama dispuesta a cambiarme- ¿No esperaras que me cambie enfrente tuyo verdad? –Cuestioné viendo que mi cuñadito no se largaba. Se levantó, me deseó buenas noches y se marchó. Tanto desee estar en la cama, ahora lo estoy. Pero no conseguí el sueño gracias a que todavía estoy pensando en el, en el chico del cuarto de al lado, en Joe. No puedo creer que sea tan maravilloso, tan lindo, tan bueno, tan… es increíble. Opté por prender un poco mi velador, me senté en la cama y saqué de mi mesita de luz, una carta que Joseph me escribió cuando teníamos 7 años. Cada vez que la leo mis ojos se llenan de lágrimas, era una carta de amor, una hermosa carta de amor. Comencé a leerla, a recordar todos los momentos que pasamos juntos, y no pude evitar que se derramen mis lágrimas. De hecho, hasta sollocé por un rato, ¿Por qué no podemos estar juntos? ¿Por qué no me dejo que estemos juntos? ¿¡Por qué me lo impido!?
De repente, la puerta de mi habitación se abrió. Seque rápidamente mi rostro y prendí aún más mi velador para ver de quien se trataba.
_ Eve… necesito decirte algo que te tendría que a ver dicho hace mucho –Comentó preocupado, tomando asiento a la altura de mis rodillas. Creo que este es el momento indicado como para decirle lo que siento por él.
_ Dime, yo también debo decirte algo que tengo guardado hace mucho tiempo…
_ Yo…

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